Hay algo a lo que el empresariado le teme, más allá de los candidatos de oficialismo y oposición que se pongan en la carrera para el 2023. La referencia es para un escenario de paz social alterada que complique lo negocios, a raíz de un proceso de radicalización que observan con mayor claridad en las fuerzas de la oposición, desde el macrismo ultra a los libertarios, que ganan terreno. A ese combo de incertidumbre le suman que, al día de hoy, el Gobierno no tiene candidato a la vista y sigue en un internismo que a esta altura es anti natural si la idea es la supervivencia política en el tiempo. En síntesis, el Gobierno tiene problemas y la oposición, más allá de simpatías ideológicas, demostró que tiene en cancha a los mismos jugadores que no supieron gobernar -en un escenario más favorable- en el período 2015-2019. 

En este contexto, los dueños empiezan a dar algunas señales para intentar moldear un escenario de consensos. Hace unas horas, el Grupo de los Seis (G-6) -que nuclea a la Unión Industrial, Sociedad Rural, Bolsa de Comercio, Cámara de Comercio, Cámara de la Construcción y la Asociación de Bancos privados nacionales (ADEBA)- confirmó que organizará el 7 de septiembre una serie de actividades encabezadas por el ex presidente español Felipe González. Lo traen como uno de los protagonistas de los Pactos de la Moncloa, que a fines de 1970 ordenaron España en la transición hacia una democracia consolidada. La Moncloa es el sueño eterno del establishment nacional, pero en este contexto lo plantean, más que como un anhelo, como una necesidad imperiosa ante la radicalización de sectores políticos del PRO y el espacio de Javier Milei. 


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González, que ya tiene habitación de lujo reservada en el Hotel Alvear, es una especie de traductor del establishment más progre. La última vez que estuvo en el país fue durante el Gobierno de Macri. En aquel momento lo trajo Hugo Sigman, el dueño de Grupo Insud, siempre asociado a políticos del centro hacia la izquierda. El español fue parte entonces de una serie de eventos en Tucumán, uno de ellos, un almuerzo multitudinario en la mansión del ex gobernador y ahora jefe de Gabinete, Juan Manzur, quien también es amigo de González. Hace unos días, cuando se planeó su visita, se reunieron los popes del G-6 y uno de ellos sugirió traer a José María Aznar, también presidente de España y ultra conservador. «No generemos quilombos, no es momento», le respondió uno de sus pares. Es que Aznar deambula abriendo la grieta en los mismos foros internacionales que el ex Presidente Mauricio Macri. «Hoy, no hay márgen, está en juego la paz social y todos sabemos que no hay negocio posible sin paz social», sumó otro de los presentes. 

El «Compagno Paolo» y Milei

A menos de un año de las PASO presidenciales del 2023, la foto es la de un establisment desconcertado pero que tiene claro que evitar los extremos es central. El que mejor parece haberlo entendido es Paolo Rocca, el líder de Techint. Quienes lo frecuentan contaron a Página I12 que viene manteniendo reuniones con funcionarios nacionales y dirigentes del kirchnerismo para canalizar los problemas que antes ventilaba vía operaciones, en la esfera privada. Naturalmente, los conocen al ítalo argentino afirman que la relación de Techint con los gobiernos es directamente proporcional a los metros de caños que hace, hoy para la obra del Gasoducto Néstor Kirchner. Pero Rocca no es tonto, fue el primero en panfletear en el establishment la imposibilidad de que Macri vuelva y haga un buen Gobierno, y hoy se encarga de decir lo mismo de Patricia Bullrich, la extensión ideológica perfecta del ex presidente. 

«Hoy está más compagno Paolo que nunca», bromean los que lo conocen y saben de algunas perlas de su pasado. Así le decían en Italia a Rocca cuando era militante clandestino de Lotta Continua (Lucha Continua), organización militante de izquierda que compartió acciones en la Italia de fines de los 60 con otros emblemas de esa línea, las Brigadas Rojas. En Sicilia y por esas paradojas del destino, Rocca era especialista en bloqueos a plantas de empresas. 

Algo parecido al rechazo a los ultras del PRO ocurre con Milei, personaje del cual salieron espantados los gerentes del Coloquio de IDEA. Tras una comida a solas, sorprendió el nivel de desconexión de toda lógica social, política y de las posibilidades reales. «Es como una especie de rey del caos, vos viste la Batman de Nolan? Ese Guasón», se sinceró ante este diario uno de los que salieron espantados de ese mitin. 

Otro caso: días atrás hubo una reunión de empresarios con senadores nacionales, en la Bolsa de Comercio de Santa Fe. Querían ver el Presupuesto con, entre otros, el FDT Eduardo Mirabella y la PRO Carolina Losada. Todo venía bien hasta que esta última tomó la palabra y trazó un discurso de grieta, con críticas a «un gobierno ausente», los «40 tipos de cambio en la Argentina» y el articulado habitual. Los ceos se fueron un poco preocupados. 

Los que gobiernan llevan calma

«Si quieren un Presupuesto dibujado, llámenlo a Guzmán, el mío es realista». La frase se las dijo Massa a los industriales de la UIA en el último almuerzo que mantuvieron en la sede de la central fabril. Con excesivo pragmatismo, Massa juega a su Presupuesto (que con 180 votos positivos es el más votado del 2015 a la fecha) una ficha política, más allá de que tiene puntos que son discutibles de ser dibujos, entre ellos una inflación del 60 por ciento. El tigrense, que no quiere saber nada con hablar de candidaturas, es una alquimia posible para los empresarios, en tándem con dirigentes del kirchnerismo más puro. 

Es que el establishment, que anhela un Gobierno peronista capital friendly más que un macrismo que ha probado imposibilidad patra gobernar, quiere una garantía de estabilidad social que, según ven, la sigue dando el peronismo aún con un Gobierno de serios problemas de distribución e internas desatadadas. Los nombres que siempre aparecen son los de Massa, el ministro del Interior Eduardo Wado de Pedro y el gobernaror Axel Kicillof, al que le reconocen una buena gestión bonaerense en materia económica. 

Por el lado de la oposición, hay dos polos de atracción. El alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. Los que menos quieren a Larreta lo describen como «un Macri asintomático» y condicionan sus posibilidades a cómo le vaya a Massa a nivel económico. La UIA es uno de los casos donde lo ven con buenos ojos. Vale decir que entre industriales los pronósticos no son los mejores, porque también supieron enamorarse de María Eugenia Vidal en 2015. 

Otro que gusta en Morales, un duro dentro de las posibilidades de Juntos por el Cambio y el radicalismo y el más consciente, al igual que Massa, de cuáles son los resortes del Estado y cómo se administran los recursos. Una anécdota: meses atrás, el jujeño recibió a la Mesa de Enlace. Los cuatro presidente de las entidades (CRA, SRA, Coninagro y Federación Agraria) llegaron con una carpeta bajo el brazo. «Muchachos, espero que no me vengan a pedir que baje las retenciones si soy candidato, no me vengan a joder con eso que es imposible. Esa mentira que la diga Mauricio», sentenció. 

Source: economia – pagina 12

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