Se lo conoció como “el partido del siglo” aunque no fue un encuentro mundialista ni estaba en juego una medalla olímpica. Sobre el papel, ese partido entre Inglaterra y Hungría del 25 de noviembre de 1953 en el estadio de Wembley, era simplemente un amistoso.

El resultado final fue 6-3 a favor del equipo visitante, lo que decepcionó a los más de 100.000 hinchas ingleses que pagaron su entrada. Nándor Hidegkuti, jugando como una suerte de “falso 9″, marcó tres goles y la máxima estrella húngara, Ferenc Puskás, dos.

Pero más allá del resultado, el juego desplegado por los húngaros en el estadio de Wembley demostró al mundo que, si bien los ingleses habían inventado el fútbol, los visitantes jugaban un “fútbol total”, una denominación que patentaron los holandeses de Johan Cruyff 20 años después.

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Los húngaros ya ganaban en el primer minuto del partido y desde ese momento todos en la cancha vieron cómo los visitantes, dirigidos por Gustav Sebes, dejaban parados a sus marcadores como si fueran postes de luz y creaban de la nada espacios para atacar a su rival gracias a la total desorientación de los defensores ingleses.

Gustav Sebes, el entrenador de Hungría

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Una de las razones de dicha desorientación era que los locales estaban acostumbrados a que el número en la camiseta de los jugadores se correspondiera con una posición determinada en el campo de juego, preconcepto que los húngaros destrozaron cambiando constantemente de lugar. Si bien el empate local llegó a los 15 minutos del primer tiempo, el resultado al irse al descanso ya era de 4 a 2 para Hungría.

Cuando el partido terminó, las estadísticas señalaban que por cada tiro de Inglaterra contra el arco defendido por Gyula Grosics (5 en total) Hungría había disparado siete contra el arco custodiado, a duras penas, por Gil Merrick (35 en total).

El equipo local, dirigido por Walter Winterbottom, había recibido un auténtico repaso en los 90 minutos de juego, demostrando al mundo que la táctica inglesa estaba anclada en el pasado y la técnica de Hungría miraba hacia el futuro.

Campeones olímpicos

Antes del partido, todas las apuestas favorecían de antemano a los locales, que nunca habían caído en Wembley. Su capitán, Billy Wright, era considerado uno de los mejores defensores del mundo. Pero los visitantes no eran un invitado cualquiera: llevaban 24 partidos invictos y dos años antes habían ganado la medalla de oro en las Olimpíadas de Helsinsky.

“Ya éramos un gran equipo, pero fue durante los Juegos Olímpicos cuando nuestro fútbol empezó a fluir con verdadera alegría. Era un prototipo del ‘fútbol total’ que practicaban los holandeses. Teníamos libertad de posición y cuando atacábamos, atacábamos todos, desde los defensas hasta los delanteros”, contaría tiempo después Puskás.

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Bobby Robson, el jugador y técnico inglés, tenía 20 años en 1953 y aunque aún faltaban cuatro años para su debut en la selección inglesa, fue ese día uno de los tantos espectadores de la superioridad húngara.

“Vimos un estilo de juego, un sistema de juego que nunca habíamos visto antes. Ninguno de estos jugadores significaba nada para nosotros. No sabíamos de Puskás. Todos estos jugadores fantásticos venían de Marte en lo que a nosotros respecta”.

Ferenc Puskás, el goleador de Hungría

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Y agregó: “Pensamos que derribaríamos a este equipo: Inglaterra en Wembley, nosotros somos los maestros, ellos son los alumnos. Fue absolutamente al revés”.

Así resumió Robson el sentir de los ingleses ese noviembre de 1953, y reconoció que lo visto en el campo de juego cambió la forma de pensar de todos los que estaban vinculados al fútbol inglés.

La prensa británica, por su parte, destacó la coordinación de los húngaros, lograda a partir de jugar juntos tan a menudo, la mejor condición física de los visitantes y su absoluta comprensión del juego. De los locales, los periodistas dijeron que habían sido buenos “para los estándares británicos”, pero que había quedado claro que estos estándares estaban muy detrás de lo que estaba pasando en el continente.

Futuros dispares

Seis meses después de aquella demostración de fútbol, los ingleses viajaron con ánimos de revancha a Budapest a jugar otro amistoso contra Hungría. El resultado fue aún peor: 7 a 1 a favor de los hombres de Gustav Sebes.

En el Mundial de Suiza de ese año los húngaros eran los grandes favoritos para alzar su primera Copa del Mundo. Cuando ganaron el primer partido con un contundente 9 a 0 frente a Corea del Sur, este favoritismo se consolidó. El segundo partido fue 8 a 3 frente a Alemania Federal, el equipo que volverían a enfrentar en la final.

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Pero antes del partido definitivo, Hungría debió despachar a dos gigantes latinoamericanos, Brasil y Uruguay, de los que se deshizo en cuartos de final y semifinal respectivamente por el mismo resultado: 4 a 2 (Uruguay había eliminado también 4 a 2 en cuartos de final a los ingleses).

La selección de Hungría que dio la sorpresa ante Inglaterra

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Pero en la final los alemanes sorprendieron a los húngaros -y al mundo- como lo haría 20 años después con los otros artífices del “fútbol total”, la Holanda de la “naranja mecánica”. El partido jugado el 4 de julio de 1954 acabó 3-2 para los germanos. Dos años después, Hungría recibiría otro golpe, esta vez en su territorio.

Una protesta estudiantil derivó en un levantamiento contra el poder soviético, que terminó aplastando militarmentela revolución húngara meses después. Puskás, que estaba en España jugando con el club Budapest Honved cuando todo ocurrió, desertó con algunos de sus compañeros y se quedó en la Península Ibérica.

En el Mundial de 1958 en Suecia, Hungría quedaría tercera en su grupo y no pasaría de la primera ronda. La misma suerte correría Inglaterra. Mientras, Puskás firmaría por aquellos años con el Real Madrid y junto al argentino Alfredo di Stefano formaría una dupla letal que le daría al equipo de la capital española cinco campeonatos de liga seguidos y tres Copas de Europa.

Tras nacionalizarse español en 1961, el jugador húngaro representó a España en la Copa del Mundo de 1962 en Chile, pero no consiguió marcar ningún gol en cuatro partidos.

Puskas lleva la pelota ante la marca de un jugador de Alemania

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En esa Copa del Mundo, Hungría e Inglaterra volvieron a encontrarse y la victoria fue para los de Europa del Este por 2-1, pero ambos equipos cayeron en cuartos de final.

En el Mundial de Inglaterra de 1966, los locales consolidaría la evolución que había comenzado tras las palizas húngaras en la década anterior, mientras que su antiguo verdugo volvería a caer en cuartos de final.

En esa década, equipos ingleses como el Tottenham Hotspur y el West Ham adoptaron las tácticas de aquella selección de Hungría y otros clubes como el Manchester United comenzaron a jugar en competencias europeas por primera vez, algo que no había sido bien visto antes por la federación inglesa de fútbol.

Después de su retiro como jugador, Puskás tuvo un dispar y variopinto desempeño como entrenador (carrera que lo llevó a dirigir a Paraguay, entre otros países) y regresó a Hungría, para quedarse, en 1993. Murió en Budapest el 17 de noviembre de 2006.

La selección húngara no ha vuelto a clasificarse a un mundial desde México 86, donde no pasaron de la primera ronda y cayeron 6 a 0 frente a la Unión Soviética.

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