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WASHINGTON.- Envuelto en un clima político crispado, Estados Unidos comenzaba a recorrer anoche un tenso escrutinio al cierre de unas elecciones de medio término en las que se definía el control del Congreso y el rumbo de un país profundamente dividido, que ya en el cierre de esta campaña comenzó a levantar la temperatura para la próxima batalla, por la Casa Blanca, que promete atormentar al país durante los próximos dos años.

Casi 46 millones de estadounidenses ya habían votado de manera anticipada antes de que abrieran todas las estaciones para sufragar en todo el país, más que en la elección legislativa de 2018, según cifras de US Elections Project, y las imágenes de largas colas en varios rincones del país apuntaban a una participación elevada en unos comicios que el presidente Joe Biden definió como “la más importante de nuestra vida”.


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El presidente Joe Biden habla durante un mitin con el expresidente Barack Obama, el candidato demócrata a senador estadounidense John Fetterman y el candidato demócrata a gobernador Josh Shapiro en el Centro Liacouras el 5 de noviembre de 2022

El presidente Joe Biden habla durante un mitin con el expresidente Barack Obama, el candidato demócrata a senador estadounidense John Fetterman y el candidato demócrata a gobernador Josh Shapiro en el Centro Liacouras el 5 de noviembre de 2022 (Mark Makela/)

Los demócratas, alarmados por la omnipresencia de Donald Trump en la campaña y el giro conservador de la Corte Suprema, que revocó la protección constitucional al derecho al aborto, buscaban retener el control del Congreso, pero se enfrentaban a una marcada cuesta arriba por el deterioro de la economía y la inflación más alta de las últimas cuatro décadas. Más energizados, los republicanos fueron en busca de una “ola roja” que brindara un contundente rechazo a la gestión de Biden, y les permitiera recuperar la Cámara de Representantes y el Senado, además de alzarse con un puñado de gobernaciones en estados claves para las elecciones presidenciales, como Arizona, Nevada o Wisconsin.

“Hoy nos enfrentamos a un punto de inflexión, uno de esos momentos que se dan cada tres o cuatro generaciones”, dijo Biden, el lunes por la noche, en su último acto de campaña, en Maryland, un estado favorable para los demócratas. “Sabemos en nuestros huesos que nuestra democracia está en riesgo, y sabemos que este es tu momento para defenderla, preservarla o protegerla, elegirla”, remarcó.

En sus pocas apariciones durante la campaña, Biden advirtió una y otra vez sobre el peligro del avance de los republicanos, en particular los republicanos leales a Trump, quien volvió a tener un papel central, y en la víspera de la elección anticipó que hará “un gran anuncio” la semana próxima, en lo que se descuenta será el lanzamiento de su nueva campaña presidencial.

Filas para votar en West Hollywood, California. David McNew/Getty Images/AFP

Filas para votar en West Hollywood, California. David McNew/Getty Images/AFP (DAVID MCNEW/)

Pese a las advertencias de Biden y los demócratas sobre el aborto y la salud de la democracia, o el ajuste que pueden llegar a imponer los republicanos, las encuestas previas a las elecciones y los sondeos a boca de urna mostraban con claridad que la preocupación principal de los votantes era la economía. Más de tres cuartos del electorado dijo que la inflación había tenido un impacto en su bolsillo, y siete de cada diez se mostraron insatisfechos con el rumbo del país, según una encuesta de boca de urna de la cadena CNN. Casi la mitad dijo que su situación financiera había empeorado. Otra encuesta de la cadena CBS indicó que solo un tercio de los votantes cree que las políticas de Biden han ayudado al país.

Recuento de votos

La tensión que caracterizó a la campaña prometía continuar durante el escrutinio. Tal como ocurrió en 2020, el recuento de todos los votos en todo el país podía demandar más tiempo del habitual, advirtieron expertos, figuras políticas y la Casa Blanca, una demora que prometía alimentar el debate sobre la integridad y la seguridad de los comicios, y las denuncias infundadas y las teorías conspirativas sobre fraudes masivos que han proliferado desde el Partido Republicano bajo el liderazgo de Trump.

En Estados Unidos, cada estado regula sus elecciones, y el gobierno federal no anuncia el resultado, como ocurre en otras naciones. Ante esa realidad, los medios proyectan ganadores antes de que concluya el escrutinio.

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Donald Trump, en un acto de campaña en Dayton. Jintak Han/ZUMA Press Wire/dpa (Jintak Han/)

Una ola de reclamos y demandas podría forzar recuentos o disputas judiciales que alarguen la definición en las contiendas más reñidas. A eso se suma la tardanza para contar los votos por correo, que ganaron popularidad con la pandemia del coronavirus. Treinta y nueve estados prohíben que los votos por correo se cuenten antes del día de la elección, y 16 solo permiten que se computen después de que cierran las casillas de votación, según la Conferencia de Legislaturas.

La elección a senador en Georgia, que puede definir el control del Senado, podría terminar en una segunda vuelta si ninguno de los candidatos superara el 50% de los votos.

La campaña anticipó una pelea voto a voto, incluso durante el escrutinio. Desde la victoria de Biden, hace dos años, ante Trump, los republicanos han desplegado una campaña sostenida contra la integridad del sistema electoral desparramando denuncias infundadas de fraude masivo, pese a que ninguna demanda prosperó en la Justicia, y todos los estados y el Congreso certificaron el resultado de los comicios de 2020. Las encuestas muestran que la confianza del electorado en las elecciones ha caído.

La ofensiva lanzada por Trump contra las elecciones abrió paso a una nueva camada de candidatos republicanos “negacionistas”, que llegaron a competir en esta elección desconociendo el resultado de los últimos comicios. Una de esas figuras era Kari Lake, candidata del Partido Republicano a gobernadora de Arizona. Ayer, durante la elección, Lake se quejó ante un grupo de periodistas de que las máquinas electorales no funcionaban bien en distritos conservadores.

“No tenemos que tener elecciones que se lleven a cabo de esta manera”, dijo Lake. “Esto es incompetencia. Espero que no sea malicia, pero vamos a arreglarlo. Vamos a ganar, y cuando ganemos habrá un acercamiento a Jesús para las elecciones en Arizona”, prometió.

En Florida, un estado crítico para la elección presidencial, se vio otra disputa por el monitoreo a la elección. La administración del gobernador Ron DeSantis, un presidenciable que busca despojar a Trump de la candidatura republicana, buscó bloquear el acceso a estaciones de votación a veedores del gobierno federal enviados por el Departamento de Justicia. El gobierno de DeSantis dijo que su presencia era “contraproducente”.


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