Frontera bielorrusa, ucrania (ap) — los drones de vigilancia vuelan varias veces por día desde posiciones ucranianas en lo profundo del bosque que se extiende sobre la frontera con bielorrusia, un estrecho aliado de rusia, buscando señales de peligro en la tierra y el cielo.

En ese tramo de 1.000 kilómetros (650 millas) de ciénagas y bosques, las unidades ucranianas vigilan la tierra y el cielo en busca de señales de una ofensiva desde el norte, una repetición del avance frustrado de las fuerzas rusas hacia Kiev al inicio de la guerra, hace casi un año.

Esta vez, los ucranianos no dejan nada librado al azar. Desde mediados del año pasado han reforzado las defensas, cavado y ampliado trincheras y colocado minas en el bosque ante la ofensiva de primavera que prevé el mando militar. A los habitantes de las aldeas que fueron ocupadas el año pasado les aterra la perspectiva de una repetición.

“Estamos atentos a cada mínimo sonido y ruido. Esto no es vida”, lamenta Valentina Matveva, de 64 años, vecina de la aldea de Ripky. “Vivir constantemente con miedo no es vivir”.

Lo que despertó los temores de una nueva ofensiva fueron los entrenamientos aéreos conjuntos realizados por Rusia y Bielorrusia en enero, un mes después de la inusual visita del presidente ruso Vladimir Putin a Minsk.

Los expertos militares y la inteligencia occidental han minimizado la posibilidad de una ofensiva renovada desde el norte. El ministerio de Defensa británico tuiteó el 11 de enero que los aviones y efectivos rusos en Bielorrusia, aunque numerosos, “difícilmente constituyen una fuerza ofensiva creíble”.

Funcionarios bielorrusos alegan que el despliegue de tropas en la frontera a la “disuasión estratégica”, según informes locales. El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, ha dicho reiteradamente que no enviará tropas a la vecina Ucrania. Pero los comandantes ucranianos se muestran cautos y recuerdan cómo Rusia utilizó a Bielorrusia como plataforma de lanzamiento bélico a principios de 2022.

“Vigilamos constantemente al enemigo desde tierra y observamos el movimiento de tropas, si se mueven, cuántos efectivos y hacia dónde van”, declaró el jefe de la unidad de inteligencia militar durante una visita de la prensa, a pocos kilómetros de la frontera. El oficial se identificó solamente como Oleksandr por razones de seguridad.

A diferencia del este ucraniano, con sus duelos devastadores de artillería, en el norte prima la guerra con cuadricópteros: drones de cuatro rotores.

Oleksandr dijo que bielorrusos y rusos “vigilan constantemente nuestros cambios de guardia para tratar de descubrir las posiciones de nuestras fuerzas”.

En ocasiones, la unidad de Oleksandr detecta drones espía enemigos y los derriba con fusiles antidrones. O un dron enemigo detecta a un ucraniano y lo sigue y los ucranianos tratan de capturarlo para sumarlo a sus existencias.

“Recientemente, capturamos cuatro de sus drones y ellos tomaron dos nuestros”, agregó Oleksandr.

Dijo que las misiones de reconocimiento del terreno no han percibido señales de actividad que causen preocupación… por ahora. “Tienen una sección de refuerzos y han reforzado las patrullas, pero no observamos una acumulación significativa de fuerzas en nuestro sector”, apuntó.

Según informes locales, el teniente general Oleksii Pavlyuk, responsable de la provincia de Kiev, dijo que el país se prepara para un nuevo ataque a través de Bielorrusia. “Hemos creado un grupo en la frontera con Bielorrusia que está preparado para enfrentar al enemigo con dignidad”, aseveró.

Las autoridades ucranianas sostienen que nadie sabe qué hará Moscú en los próximos meses y que es necesario mantener el estado de alerta en la frontera.

“Se construyeron (fortificaciones) para impedir la reinfiltración”, afirmó Oleksandr. “Suceda o no, siempre debemos estar preparados”.

Soldados ucranianos armados con ametralladoras ocupan trincheras de un metro y medio de profundidad reforzadas con tablas.

Un aldeano pasa rápidamente en bicicleta. Aún se recuerda la ocupación temporaria, cuando las tropas rusas trataron de asediar la ciudad de Cherníhiv, la más importante de la zona. Se retiraron el 3 de abril, cuando Moscú cambió el foco de la ofensiva hacia las provincias orientales.

A pesar de los entrenamientos ruso-bielorrusos, prima la esperanza.

“La primera vez que invadieron, no teníamos armas ni el ejército (en la frontera)”, señala Hanna Pokheelko, de 66 años, pobladora de Koluchivka. “Pero esta vez sí los tenemos”.

Haya un ataque o no, Olena, de la aldea de Novi Yarylovychi, teme que jamás volverá a ver a su madre, hermano y dos hermanas que viven apenas a tres kilómetros en una aldea en Bielorrusia.

“No puedo creer que estén tan cerca y no pueda verlos”, se lamenta la mujer de 63 años, bielorrusa de nacimiento pero casada con un ucraniano, y que no quiso revelar su apellido por temor a las represalias a su familia.

En frontera Ucrania-Bielorrusia, guerra de nervios y drones
Estas leyendo: la nacion