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Si el estadio Education City, donde Uruguay debuta en el Mundial ante Corea del Sur, se asemeja a un diamante, Federico Valverde es la joya del equipo charrúa. A los 24 años, el futbolista nacido en Montevideo también tiene su estreno en una Copa del Mundo. Relegado por Oscar Tabárez en Rusia 2018; fundamental para Diego Alonso en Qatar 2022. Es el encargado de la sala de máquinas del equipo celeste, quien juega y hace jugar.


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Sin embargo, los charrúas optan por saltear líneas. Llevan la iniciativa, pero la mitad de la cancha es una autopista. Se corre y no se piensa. A los uruguayos les sobra despliegue, muestran esa garra que llevan en el ADN, pero enfrente también tienen portentos físicos. De hecho, ni Valverde ni Matías Vecino ni Rodrigo Bentancur logran imponerse en los duelos individuales. Durante los casi 100 minutos de partido, Uruguay es energético y vital. Sin embargo, no desequilibra y el partido termina en la igualdad 0-0 ante Corea del Sur. No encara hacia adelante. No es vertical.

Lo mejor del partido

Aún así, los sudamericanos estrellan dos tiros en los palos. El primero es de cabeza, y los derechos de autor le pertenecen a Diego Godín. El Faraón, que vino a Vélez para prepararse para el Mundial, gana en las alturas en un córner. Nada nuevo. La pelota va hacia el arco y el arquero surcoreano está vencido. Palo. E insultos al aire del símbolo uruguayo, que juega su cuarta Copa del Mundo.

El segundo es de Valverde, y a un minuto del final. El mediocampista de Real Madrid ya tiene las medias bajas y parece un clon de Matías Almeyda. Como el ex hombre de River, “Pajarito” no deja de correr. En esta jugada hace una excepción y va hacia adelante. Gana el duelo contra un rival y pispea el arco. Carga su pierna derecha y desenfunda. La pelota se eleva y termina estrellada en el palo; otra vez, el arquero coreano estaba vencido. Otra vez, Uruguay se queda sin premio.

A Valverde casi no le queda nafta en el tanque y Corea del Sur ensaya un contragolpe peligroso. El hombre de Real Madrid barrena por la mitad de la cancha y se estira todo lo que puede. La pelota, al lateral. Y el peligro se disipa. El uruguayo se levanta. Salta. Festeja. Muestra los puños y grita: “¡Vamos!”. Parece un gol, pero es una jugada intrascendente en la mitad de la cancha. Para Valverde, sin embargo, es vital. Se siente en deuda.

El uruguayo Federico Valverde controla la pelota en el partido entre Uruguay y Corea del Sur

El uruguayo Federico Valverde controla la pelota en el partido entre Uruguay y Corea del Sur (JUNG YEON-JE/)

Lo confiesa más tarde, ante los micrófonos de la transmisión oficial. No le importa haber sido considerado como el mejor futbolista de la cancha en la tarde qatarí. Le preocupa, en definitiva, que su equipo no haya ganado en el debut. “Creo que en el segundo tiempo hicimos un buen partido. A veces no encontrábamos espacios entre los volantes suyos y es culpa nuestra, de los volantes. Es culpa mía, porque la pelota tiene que llegar más arriba mejor”, se flageló el mediocampista uruguayo. Le asiste la razón: ni Luis Suárez, en el primer tiempo, ni Edinson Cavani, en la segunda, tuvieron jugadas claras delante del arco surcoreano.

El mejor de los de arriba fue Darwin Núñez, que en realidad es 9, pero a quien Alonso mandó a jugar por la izquierda, tirando diagonales o desbordando. El artiguense fue el futbolista más desequilibrante de los charrúas. El único que se animó a encarar hacia adelante.

Valverde dejó de lado la vehemencia de su festejo por aquella jugada del final y recordó su tiro en el palo: “Uno se imagina que va a entrar, pero no tuve la suerte de otras veces. Tengo que seguir intentando porque es una de mis cualidades”, se lamentó. Es que a falta de jugadas elaboradas, tal como quiere Alonso para su equipo, Uruguay debía encontrar los caminos alternativos al gol. La pelota parada es uno; tanto como el remate de media distancia. Ambos métodos le dieron a la Celeste las oportunidades más claras. Le faltó el gol.

Uruguay pasa por alto un detalle: Corea tiene, en el primer tiempo, una chance de oro. Acaricia el gol con una triangulación perfecta, que termina con su número 9, Hwang Ui-jo, solo frente al arco defendido por Sergio Rochet. Es un penal en movimiento y el delantero asiático tiene tiempo de elegir adónde va a poner la pelota. Selecciona la peor alternativa de todas: pegarle fuerte y abajo. El balón se va a las nubes del cielo de Doha y Heung-ming Son, la estrella surcoreana que juega con protección facial por una fractura, no lo puede creer. Sabe que acaban de desperdiciar una chance dorada de ponerse en ventaja. Será la más clara de todas.

Diego Alonso, aquel 9 de Gimnasia y Esgrima La Plata que sustituyó a un prócer como Oscar Tabárez y encarriló la eliminatoria para Uruguay, coincide con Valverde en las razones del empate: falló la mitad de la cancha. “En el primer tiempo ellos manejaron un poquito más la pelota, sobre todo los primeros 20 minutos. Después logramos mejorar, tomamos más el control. En el segundo tiempo, lo hicimos más claramente, nos faltó un poquito más de fluidez en la mitad de la cancha para encontrar más juego entre líneas y uno a uno por bandas”, reflexiona. La Celeste no pudo ganar en el debut pero, al menos, tiene claro el diagnóstico.

Federico Valverde, el volante que fue elegido como el mejor de la cancha se echó la culpa porque Uruguay no ganó en el debut del Mundial
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