«Escuché muchas veces la recomendación de primero crecer para luego redistribuir, nunca creí en eso y me parece que nunca funcionó en nuestros países, porque antes que llegue la etapa de distribuir seguro ocurre una crisis, entonces para superar la crisis se vuelve a arrancar de cero, primero crecer y luego redistribuir, hasta que otra crisis vuelva a impedir llegar a la etapa de la redistribución».

Quien formuló esta reflexión es Felipe González, primer presidente socialista de España, y por cuatro períodos consecutivos, en el post franquismo. Pero lo más notable es que la lanzó en una celebrada exposición que brindó en Buenos Aires por invitación del Grupo de los Seis, congregación empresaria que reúne a las más poderosas corporaciones que operan en el país en la producción, las finanzas, el comercio exterior y la construcción, entre otras actividades. 


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González completó la idea advirtiendo que es necesario crecer y redistribuir al mismo tiempo «y no por una cuestión ética, sino de eficiencia, por cuestiones técnicas, porque es más sensato y sostenible como modelo de crecimiento. Además de eso, hay que decir que es éticamente mejor hacerlo al mismo tiempo». 

Con serenidad, reflexivo, mucho humor e ironía, Felipe González, que a los 80 años muchos lo consideran «corrido a la derecha» en sus definiciones políticas, hizo una exposición que lo ubica a la izquierda no sólo de sus anfitriones sino incluso del discurso de algunos de los dirigentes políticos y sindicales presentes. 

Daniel Funes de Rioja (UIA y Copal) dio el discurso de presentación en un evento del que participaron otras personalidades del mundo empresario como Gustavo Grobocopatel, Eduardo Eurnekian, Cristiano Rattazzi, Jaime Campos (AEA), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio), Nicolás Pino (Soc. Rural), Elbio Laucirica (Coninagro). Funcionarios nacionales, como Juan Manzur, Wado De Pedro, Agustín Rossi y Silvina Batakis, jueces de la Corte Suprema (Carlos Rozenkratz, Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda), dirigentes sindicales (Armando Cavalieri, Héctor y Rodolfo Daer, José Luis Lingeri, Juan Carlos Schmidt y Hugo Moyano), y dirigentes políticos (Juan Manuel Urtubey, Diego Bossio, Mario Negri, Ernesto Sanz, Facundo Manes, Carlos Melconian, Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez, Humberto Schiavoni). 

En total, unos doscientos invitados acompañaron la presentación del ex mandatario español que recordó las circunstancias en las que se firmó el Pacto de la Moncloa en su país, en 1978, que representó la consolidación de la recuperación democrática tras el franquismo y la definición y aceptación por todos de las «normas de convivencia democrática», según sus propias palabras. 

A partir de aquella experiencia, Felipe González detalló lo que a su juicio pueden ser «algunas enseñanzas» que deja el ejercicio de los acuerdos políticos. Extrapolado a la etapa actual, afirmó que la necesidad del diálogo y los acuerdos es más necesario que nunca, porque los riesgos son mayores. «Incluso en relación al momento de la guerra fría», apuntó. 

Dio como ejemplo que, en España, poco después del Pacto de la Moncloa, el intento de golpe del Tejerazo en 1981 tuvo un 96 por ciento de la población en contra. «El asalto al Capitolio, recientemente, dividió a la sociedad norteamericana en mitades». «En el primer caso había enemigos de la democracia, pero eran pocos». 

También aludió al origen de recientes reacciones sociales en esta regiòn del planeta. En Chile, mencionó, «un modelo que aparentemente funcionaba en lo económico pero que no resolvía la desigualdad» terminó en una movilización social que obligó a las alianzas políticas tradicionales a abrir paso a una reforma constitucional. En Brasil, «San Pablo estallò por un aumento de 30 centavos en el transporte, ¿de verdad creen que ese fue el motivo?, ¿o fue el descontento social acumulado?». Advirtió que en esas manifestaciones participó parte de una población que antes era marginada pero que en los gobiernos de Lula «fue incluída a la ciudadanía» y que ahora se podía hacer escuchar desde un lugar que antes no tenía.

Felipe González reclamó prestar mayor atención al crecimiento de las desigualdades, a la mayor concentración económica –frente a un auditorio que, precisamente, es la expresión de esa concentración económica y de poder en Argentina–, porque allí está el origen de los problemas sociales.

Señaló que aunque la realidad señala la necesidad de acuerdos amplios, «parece que hubiera una ensoñación por los antagonismos». Refirió que «el griterío se impone sobre la discusión, se asume que el que más grita más representa, por eso avanzan los extremos, porque domina la dinámica de la confrontación». 

Terminó hablando específicamente de Argentina. «Este país necesita acuerdos, aunque haya pocos políticos dispuestos a decirlo y asumirlo. Y digo más: Argentina debe tener resuelto su proyecto de país antes de la finalización del próximo ciclo legislativo (¿en cinco años?). Decidir qué va a hacer con Vaca Muerta, con el litio, con la energía renovable, sin poner por delante los calendarios electorales. Y cuando dos sectores pelean dejando una grieta en el medio, hay que ver cuántos quedaron dentro de la grieta. Porque si son más los que quedaron abajo que los que están peleando arriba, estamos en un problema», dejó Felipe González como mensaje.

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