Gerardo Martínez es uno de los sindicalistas más influyentes del país desde la década del 90 hasta la actualidad. Es mucho más que el jefe de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra), un sillón que ocupa sin interrupciones desde hace 32 años. Algunos dirigentes gremiales lo señalan como el verdadero cerebro detrás de cada estrategia que activa la CGT, donde ocupa la secretaría de Relaciones Internacionales, una suerte de cancillería laboral que lo hizo miembro permanente de la Organización Internacional del Trabajo y le garantiza al menos una vez al año un viaje a Suiza.

A mitad de año, Martínez incomodó al Presidente con un regalo que rayó la ironía. Le entregó públicamente una lapicera y le pidió que tome las riendas de la gestión. Siete meses después, al considerar que no hubo una reacción, el líder de la Uocra es uno de los impulsores del debate entre gobernadores, intendentes y sindicalistas para reconstruir al peronismo de cara a las elecciones del año que viene. “Nos hubiera gustado un Presidente más contundente, capaz de desarrollar un liderazgo político. No alcanza con ser el presidente”, dijo el experimentado gremialista, casi enterrando por completo las aspiraciones de Alberto Fernández de competir por la reelección.

Martínez, como muchos de sus colegas en la CGT, responsabilizan a Cristina Kirchner por la caída electoral de 2021. “Se impusieron candidaturas. No se puede volver a repetir. Hay que institucionalizar el peronismo, que nadie tenga una lapicera más grande o una voz más fuerte. Es saludable terminar con las candidaturas a dedo”, advirtió el histórico dirigente, de 66 años, quien además, durante la charla telefónica con LA NACION, alertó sobre los riesgos de una inflación de tres dígitos y los alcances de una eventual reforma laboral impulsada por Juntos por el Cambio.

¿Cómo es hoy la relación de la CGT con el Presidente? Hace unos días hablaron de “ninguneo”…

– Los dichos tienen que ver con algunas circunstancias. Hay una relación óptima más allá de estar de acuerdo o no con algunas cosas. Respetamos al Presidente y el valor institucional. Está reducido a lo que yo le planteé en un acto, cuando le dije que votamos a una lista completa del Frente de Todos. Un presidente y una vicepresidenta, cada uno con su rol institucional y que el Gobierno tenga una lógica de funcionamiento en la que existan los debates y opiniones diferentes, pero que no se expongan públicamente porque generan más incertidumbre en un momento en el que los problemas estructurales de la Argentina son muy fuertes.

Con la lapicera de regalo le pidió que ejerza él el poder y no la vicepresidenta. ¿Alberto Fernández ejerce el poder?

– Nos hubiera gustado un Presidente más contundente en algunas cuestiones, capaz de desarrollar un liderazgo político dentro del Frente de Todos. No alcanza con ser el presidente. Las diferencias y discusiones entre él y la vicepresidenta que se exponían ante la sociedad generan incertidumbre. Por ejemplo, se otorgó un bono de fin de año y el primer sector en decir que no alcanza es del propio oficialismo [Nota de la respuesta: desde el kirchnerismo cuestionaron el alcance y los montos de los bonos para trabajadores registrados con sueldos hasta $180.000 y de los beneficiarios del plan Potenciar Trabajo].

¿Se puede gobernar así?

– Se puede, pero no sirve. El Frente de Todos necesita dar certidumbre y previsibilidad a la sociedad. Nosotros sabíamos que había un empréstito que ahogaba la capacidad de la Argentina y sin embargo nos propusimos a ganar y ganamos. Apoyamos el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para que no exista un ajuste como en otras épocas.

¿Usted cree que ahora no hay un ajuste?

– Hay restricciones, pero que están atendidas políticamente para que no sean aplicadas a rajatabla. Todavía se gasta más de lo que se tiene. Hay que poner un orden para generar una macroeconomía que ayude a bajar los niveles de inflación.

¿Apoyaría la reelección de Alberto Fernández?

– No está dentro del debate de la CGT en un momento tan crítico. Las candidaturas se conversarán en febrero o marzo.

¿La autoexclusión de Cristina Kirchner de las candidaturas es reversible?

– Es cierta porque ella lo dijo, pero no quiere decir que sea permanente. Hay posibilidades de que juegue y está en todo su derecho. Es una gran dirigente.

En la reunión con los gobernadores del PJ se habló de una estrategia electoral sin Cristina. ¿Es apresurado hablar de pos kirchnerismo?

– Creo que sí. Para los gobernadores lo importante es tratar de conciliar que dentro del Frente de Todos sea el peronismo el eje central de las decisiones y de las tácticas y estrategias. Siempre fuimos frentistas, pero conciliador. Eso no sucedió en los últimos tiempos. La experiencia de 2021 no se puede volver a repetir. Es necesario de que se institucionalice la conducción del peronismo y es ahí cuando pensamos que el Movimiento Sindical Peronista, por historia, tiene que tener un espacio para ser parte del debate y la estrategia. Al único que no le discutimos nada es a Perón, al resto le vamos a discutir todo. Lo importante es generar una mesa con todos los sectores, pero que nadie tenga una lapicera más grande o una voz más fuerte.

¿La Cámpora aceptaría esas condiciones?

– El peronismo siempre tuvo esa metodología de trabajo y no le fue mal. Me parece que cuando se modificó, en 2021, perdimos distritos históricamente peronistas porque no hubo una política más abierta y participativa. Se impusieron candidaturas.

¿Pero en 2021 a las candidaturas no las había definido Alberto en lugar de Cristina?

– No fue así. Todos tenían que ir a una determinada oficina donde se definía todo. Se impusieron candidatos a dedo que desarticulaban la estrategia peronista que tenían las provincias. Pasó en La Pampa y en otras provincias. Hubo un descontento por la metodología utilizada. Es saludable terminar con las candidaturas a dedo.

Las encuestas lo dan corriendo de atrás al Frente de Todos. ¿Hay contactos de la CGT con la oposición?

– No, nosotros creemos que ante la gravedad de los problemas estructurales de la Argentina debe haber una concertación política. La política debe generar acuerdos para dar cierta previsibilidad por lo menos de acá a cinco años. El peronismo como fuerza gobernante debe llamar a una concertación más allá de las diferencias partidarias. La CGT, en este caso, representa la demanda.

Reforma laboral, paritarias al 100% y el Mundial

Juntos por el Cambio promueve una reforma laboral. Uno de los proyectos que impulsa en el Congreso es la derogación de las indemnizaciones para ser reemplazadas por un fondo de desempleo, similar al que tiene usted en la Uocra. ¿Es viable?

– Hay que respetar las posibilidades y condiciones de cada sector en el diálogo bilateral. El formato que tiene la construcción se adecúa a las particularidades que tiene la industria. No soy quien para aconsejar. Lo que sí hay es un concepto de diálogo abierto y más moderno. Así como se habla de reforma laboral también debería hablarse de reforma empresaria. En esa fuerza política hablan de generar una caída de los derechos de los trabajadores o disminuir la capacidad de representación, pero nadie habla de la renta empresaria o de la productividad o inversión.

¿Las paritarias por encima de 100% son una excepción o habrá que acostumbrarse a la volatilidad de precios y salarios?

– No es bueno que nos acostumbremos a este nivel de inflación. Así no hay futuro ni perspectivas. La inflación es el impuesto a la pobreza y genera daños estructurales gravísimos. No estoy contento por haber firmado la paritaria un 105%. No me da perspectiva.

Gerardo Martínez, en un acto con Sergio Massa; el sindicalista defendió el ajuste del ministro de Economía

Gerardo Martínez, en un acto con Sergio Massa; el sindicalista defendió el ajuste del ministro de Economía

¿Por qué la CGT no activó un paro ante estos niveles de inflación?

– Porque se respetaron las paritarias para que se desarrollen libremente. Cada sector negoció como pudo en medio del descontrol macroeconómico y el proceso inflacionario. Siempre se mantuvo la institucionalidad del diálogo, más allá de que nos cuestionen.

Armando Cavalieri comparó la situación actual con la de 2001. Dijo que “estamos cerca del que se vayan todos”. ¿La CGT piensa así?

– Todos somos conscientes de la gravedad de la situación. Pero también nos damos cuenta que toda la política está en deuda con la sociedad. Tanto los dirigentes del oficialismo como los de la oposición cuidan los intereses de su sector, pero no muestran un horizonte previsible a la sociedad. Si no hay diálogo y consenso es muy difícil dar una respuesta. Nadie convoca a un acuerdo de por lo menos cinco medidas. La política está en la trama de la discusión sin dar respuestas ante una pobreza alarmante e injusta. En el 84 Alfonsín lanzó las cajas del Plan Alimentario Nacional. Se distribuyeron 800.000. Todos decían cómo puede ser que un país exportador de alimentos tenga habitantes sin un plato de comida. Hoy son 12 millones, 14 millones. Algo pasó acá.

¿Qué cree que pasó? Desde el 84 a la actualidad gobernó casi siempre el peronismo…

– Se han hecho muchas cosas buenas, pero no se supo dar el salto cualitativo para darle perdurabilidad a esas medidas. No supo garantizar un proceso de desarrollo, producción y trabajo.

¿Cree que la corrupción jugó un papel importante para que eso no suceda?

– Lo importante en este tema es que no haya impunidad, sea para quien sea. Es fundamental.

¿El entusiasmo de la ciudadanía por el Mundial de fútbol cree que tapa las cosas que están pasando en el país?

– Una cosa es el fútbol. Nadie se olvida de los problemas para llegar a fin de mes o de la falta de trabajo. Esos problemas no se van a resolver siendo campeón mundial. La política no puede engañarse con eso y no debe especular. El problema que estamos viviendo se resuelve con concertación y política de estado a largo plazo.

Da la sensación que hay dos CGT. Por un lado el sector mayoritario, con Héctor Daer y Carlos Acuña, y por el otro Pablo Moyano. ¿Es así?

– Convivimos. Hay una sola CGT, con matices. Lo importante es encontrar una unidad de criterio para ser la voz de los trabajadores. Y asumir la responsabilidad que hoy hay millones de argentinos que viven de un subsidio y no tienen la cultura del trabajo.

¿Sienten una amenaza a su poder el crecimiento de los trabajadores informales?

Es un emergente ante la crisis estructural que vive la Argentina. La idea es buscar un proceso de transición para que pasen de la informalidad a la formalidad. Las cooperativas pueden ser una oportunidad para organizar con más solvencia y sin que haya fraude laboral.

Gerardo Martínez y un mensaje a Cristina Kirchner: “Es saludable terminar con las candidaturas a dedo”
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