WASHINGTON.- Al menos para los que toman las decisiones en los gobiernos de Occidente, la guerra en Ucrania parece medirse por la cantidad de armas entregadas. Su respuesta a la brutal embestida rusa de febrero pasado ha sido un desfile de armamento y blindados: misiles Javelin, obuses, drones, vehículos de ataque, equipos antiaéreos, sistemas lanzamisiles móviles, y en los últimos días, también tanques. En todo momento Ucrania reclamó más armas para expulsar a los invasores rusos, y casi en todo momento Occidente accedió, aunque tal vez no con la velocidad que a Kiev le habría gustado.

El próximo round de esa disputa podría girar en torno del deseo de Ucrania de contar con una flota de aviones caza polivalentes, con los que Kiev espera repeler la ofensiva rusa en ciernes y recuperar el territorio controlado por Rusia en el sudeste del país, así como la península de Crimea, que los rusos se anexaron en 2014. “Dennos las armas y recuperaremos lo que es nuestro”, dijo el presidente Volodimir Zelensky ante la élite global reunida en Davos el mes pasado.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky

Esta semana, cuando le preguntaron si Estados Unidos enviaría cazas F-16, el presidente Joe Biden respondió lisa y llanamente “no”, mientras que los funcionarios británicos dijeron que enviar ese tipo de aviones de combate “no es práctico”. Pero el presidente francés, Emmanuel Macron, le dijo a los periodistas que en términos del envió de armas a Ucrania “no descartamos nada”. Ese es el compromiso discursivo de Occidente con el esfuerzo bélico de Ucrania. Occidente parece apoyar completamente la lucha de Ucrania por su soberanía y compartir la misma visión de máxima sobre la victoria que tiene Kiev.

En privado, los funcionarios occidentales reconocen que la guerra debería terminar por la vía diplomática, y que probablemente sea la única forma de que acabe. Pero cada vez que los periodistas le preguntan a micrófono abierta a un político o diplomático occidental cómo será el desenlace, responden sistemáticamente con las mismas frases: es Ucrania la que debe determinar las condiciones para la paz (por más que sin la ayuda extranjera no sobrevivirían ni un día); Rusia no tiene intenciones de negociar de buena fe, y ahora lo importante es armar a Ucrania para que llegue a una eventual mesa de negociaciones futura en una posición de fuerza.

Pero hay un nuevo informe que critica esa postura y advierte que deja a Estados Unidos a las puertas de un conflicto de final abierto que podría escalar peligrosamente en cualquier momento. El informe Evitar una larga guerra: la política de Estados Unidos y el rumbo del conflicto Rusia-Ucrania, publicado por el influyente centro de estudios Rand Corp., con sede en Washington, señala que cuanto más se prolongue la guerra, más riesgo hay de una escalada que ponga a Rusia en conflicto directo con la OTAN, y también de que el Kremlin despliegue armas nucleares en el campo de batalla. En vez de permitir que la guerra se extienda en el tiempo, el informe recomienda que las potencias presionen más a las partes para que se sienten a negociar.

Un ejercicio de soldados ucranianos en la región de Kherson. (Genya SAVILOV / AFP)

Un ejercicio de soldados ucranianos en la región de Kherson. (Genya SAVILOV / AFP) (GENYA SAVILOV/)

No son los primeros que plantean lo mismo: ya lo hizo el año pasado Henry Kissinger, venerable representante del establishment diplomático norteamericano. Pero el informe de Rand es tal vez el reclamo más exhaustivo de un cambio de política que ha hecho hasta ahora un grupo de expertos de Washington, la mayoría de los cuales han sostenido que la guerra en Ucrania es buena y necesaria y que representa una excelente oportunidad para reafirmar el liderazgo de Estados Unidos en la escena global. Apartándose de ese guión que se muerde la cola, el nuevo informe no hace referencia ni una sola vez a la “democracia”, “el imperio de la ley” o “los valores” occidentales.

Sin victoria absoluta

Los autores del informe, los politólogos Samuel Charap y Miranda Priebe, puntualizan con total sobriedad los preocupantes elementos estructurales de esta guerra: ni Rusia ni Ucrania tienen chances de asegurarse lo que ellos consideran “una victoria absoluta”, aunque ambos países confían en su capacidad para ganar a largo plazo y al mismo tiempo desconfían de un alto el fuego y de una paz “incómoda”.

Pero más allá de la retórica política, sobre la capacidad de Occidente para mantener un flujo constantes de armas y ayuda a Ucrania reina una total incertidumbre. La nueva encuesta de Pew revela que ya más de la mitad de los norteamericanos creen que Estados Unidos está haciendo demasiado por Ucrania, mientras que los autores del informe de Rand señalan una obviedad: que una guerra prolongada solo provocaría más sufrimiento en Ucrania y más estragos económicos en Europa.

Y después está la cuestión de las armas nucleares. Hace meses que Ucrania y sus aliados llaman a desestimar los esporádicos escarceos de Vladimir Putin con el riesgo nuclear.

Vladimir Putin

El presidente ruso, Vladimir Putin (Sergei Guneyev, Sputnik, Kremlin Pool Photo via AP/)

“Es la táctica de infundir miedo”, dijo recientemente el general Kyrylo Budanov, jefe de inteligencia militar de Ucrania. “De Rusia se puede esperar cualquier cosa, pero no semejante idiotez. Eso no va a ocurrir. Un ataque nuclear no solo conduciría a la derrota de Rusia, sino al colapso de Rusia. Y ellos lo saben perfectamente”, dijo Budanov.

Aunque así sea, Charap y Priebe señalan el peligro real “de una guerra desatada con el país que tiene el arsenal nuclear más grande del mundo”. Una escalada en las hostilidades, incluso provocada por errores de cálculo tácticos en medio de la confusión de la guerra, podría empujar rápidamente a los países de la OTAN a un enfrentamiento abierto con Rusia. “Y mantener una guerra entre Rusia y la OTAN por debajo del umbral nuclear sería extremadamente difícil, sobre todo por la debilidad actual del Ejército convencional de Rusia”, señalan.

¿Por qué coquetear con ese escenario, se preguntan los autores, cuando incluso la consolidación de las actuales líneas de frente representaría una derrota significativa para Rusia?

En un ensayo publicado en The Economist, Christopher Chivvis, del Fondo Carnegie para la Paz, hace una afirmación similar. “Si las negociaciones de paz congelaran las líneas de batalla donde están ahora, Putin habría pagado un precio muy alto por ganancias muy limitadas”, dice Chivvis. “Sus Fuerzas Armadas han mostrado su incompetencia ante los ojos del mundo. Ahora Rusia es un Estado paria, y su vínculo con Europa, el más importante durante siglos, está destruido. Y las sanciones frenarán el crecimiento económico de Rusia durante años, por más que eventualmente se flexibilicen a cambio de concesiones del Kremlin”.

Entre otras cosas, los autores del informe de Rand sugieren que Estados Unidos debería presentarle a Rusia una hoja de ruta sobre las condiciones para el eventual alivio de las sanciones. Chivvis sostiene que incluso es preferible embarcarse en un proceso de negociaciones imperfecto que comprar la idea de que Rusia puede ser desalojada por completo del territorio ucraniano.

Soldados ucranianos disparan un sistema de artillería Pion contra posiciones rusas cerca de Bakhmut, en la región de Donetsk, Ucrania. (AP Foto/LIBKOS)

Soldados ucranianos disparan un sistema de artillería Pion contra posiciones rusas cerca de Bakhmut, en la región de Donetsk, Ucrania. (AP Foto/LIBKOS)

“Sí, sería bueno que Ucrania pudiera recuperar un poco más de territorio, pero ¿a qué costo y con qué rédito estratégico?”, reflexiona Chivvis. “Incluso en el remoto caso de que Occidente pueda respaldar a Ucrania durante muchos años, hasta que expulse a los rusos de todo su territorio, tarde o temprano Rusia reiniciaría la guerra para recuperar lo perdido y lavar su reputación”.

En su introducción, Charap y Priebe reconocen que han sido los ucranianos quienes lucharon y murieron para resistir “una invasión rusa ilegal, no provocada y moralmente repugnante”. Pero en opinión de los autores, eso no significa que los intereses de Ucrania sean “sinónimo” de los de Estados Unidos.

Traducción de Jaime Arrambide

La invasión rusa: el argumento de por qué Occidente debería cambiar de rumbo sobre la guerra en Ucrania
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