A Terri Bryant (Rochester, Nueva York, 49 años) siempre le había atraído el mundo del maquillaje desde que de pequeña acompañaba a su madre de compras. Tenía un objetivo y pronto descubrió que también tenía la habilidad para reconocer cómo acentuar rasgos usando herramientas como pigmentos y brochas. “Mientras mis amigos dibujaban en papel, yo veía las caras como lienzos. Durante horas jugaba experimentando con diferentes técnicas”. Pronto se encontró trabajando para marcas como Dior o Stila. Todo marchaba según el plan hasta que, tras dos décadas dedicándose a ello de manera profesional, le empezó a fallar el pulso. Un contratiempo poco favorable para quien la precisión es un requisito laboral. “Había estado viviendo con síntomas leves pero progresivos durante años antes de descubrir que tenía párkinson. Aunque desde luego no es un diagnóstico que nadie quiera oír, yo sentí tanto alivio como empoderamiento al recibir finalmente respuestas”.

En vez de amilanarse, tuvo los reflejos para dar un volantazo y desarrollar aplicadores y fórmulas que pudiera seguir utilizando. También la perspicacia de intuir que no era a la única a la que le podrían servir. Así nacía la idea de su propia firma de maquillaje, Guide Beauty, que tardó dos años y medio en materializarse. Cuando lo hizo, en febrero de 2020, estalló una pandemia mundial. Nunca pensó en dejarlo, “ni siquiera en los peores días”. El pasado mes de junio se le unió Selma Blair. La actriz, a la que en 2018 diagnosticaron esclerosis múltiple, se encarga de la dirección creativa. “Nos presentó un amigo en común”, cuenta Bryant, “tuvimos una conexión instantánea al compartir experiencias de vida y nuestro amor por la belleza”.

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La experiencia de la emprendedora con la enfermedad es lo que le otorgó la capacidad para ampliar su mirada: “Tener párkinson me dio una perspectiva única, como maquilladora y como alguien que sabe lo que se siente al tener que luchar. Cuando creás a través de una lente inclusiva, siguiendo los principios del diseño universal, considerás y tenés en cuenta el mayor número posible de necesidades y desafíos”. Ese paradigma del diseño, que se enfoca en crear productos fáciles de usar para cualquiera, sin necesidad de tener que adaptarlos, ha sido la guía de la estadounidense para desarrollar un prototipo tras otro, ensayándolos con más de 200 pruebas de usuario. ¿El resultado? Aplicadores ergonómicos y embalajes intuitivos que hacen que el momento del maquillaje sea disfrutable para quien desee recurrir a él, con independencia de sus capacidades.

Bryant creó aplicadores ergonómicos y embalajes intuitivos que hacen que el momento del maquillaje sea disfrutable para quien desee recurrir a él, con independencia de sus capacidades

Bryant creó aplicadores ergonómicos y embalajes intuitivos que hacen que el momento del maquillaje sea disfrutable para quien desee recurrir a él, con independencia de sus capacidades (Guide Beauty/)

Durante mucho tiempo, la noción normativa de belleza se basó en la exclusión. Así, hablar de lo contrario supone un giro radical para el sector. Pero es uno ineludible, según expone el informe del pasado julio de la consultora Wunderman Thompson Inclusion’s Next Wave, que apunta a que se espera mucho más de las marcas: “Hay un impulso de base de las comunidades históricamente marginadas alineado con un aumento en las expectativas de los consumidores”. Para 6 de cada 10 encuestados, según datos de la consultora, las empresas que no tengan en cuenta la inclusión serán irrelevantes.

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La responsable de diseño inclusivo en Microsoft, Christina Mallon, suele defender que, en lugar de hablar de “discapacitados”, todas las personas deberían entender que son “temporalmente capacitados”, porque es muy probable que sus capacidades mengüen a lo largo de su vida. Se deberían desarrollar arquetipos que sirvan para todos esos momentos. La industria empieza a hacer sus deberes en materia de usabilidad, defiende Bryant, “desde el gustoso clic de una paleta de Kjaer Weis, que no requiere visión para hacer saber que la sombra de ojos está bien cerrada, hasta el innovador secador y cepillo de aire caliente de Revlon, que permite peinarse con una sola mano, cada día estamos viendo más productos que consideran las necesidades de mucha gente que de otro modo no podría acceder o disfrutar de la belleza tan fácilmente”. Se habla de diversidad y se reconoce que existen personas con distintos recorridos. “Y, lo que es más importante, estamos valorando nuestras diferencias y aprovechándolas para crear productos y técnicas que nos permitan compartir el amor por el maquillaje. Cuando eso ocurre, nuestra comunidad crece y también lo hacen nuestras conexiones. Porque no se diseña para un nosotros o para un ellos, se diseña para todos”.

Según la profesional cada día hay más productos que consideran las necesidades de mucha gente que de otro modo no podría acceder o disfrutar de la belleza tan fácilmente

Según la profesional cada día hay más productos que consideran las necesidades de mucha gente que de otro modo no podría acceder o disfrutar de la belleza tan fácilmente (Guide Beauty/)

Por Patricia Rodríguez.

La maquilladora con párkinson que crea productos de belleza inclusivos
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