ROMA.- Perdonar siempre y no caer en la desunión, en las polarizaciones. Fue el claro mensaje que el Papa les envió hoy a los sacerdotes de todo el mundo, al presidir esta mañana en la Basílica de San Pedro la tradicional Misa Crismal, ceremonia que abre el Jueves Santo y en la que los curas renuevan sus promesas.

Francisco, de 86 años, apareció en buen estado después de haber pasado la semana pasada tres días en el hospital Gemelli por una bronquitis que alarmó al mundo, pero de la que se recuperó en forma sorprendente, como pudo verse el domingo pasado cuando, un día después del alta, presidió la Misa de Ramos. Tal como se anunció, esta tarde irá a la cárcel de menores de Casal del Marmo, en las afueras de Roma, para la ceremonia del lavado de pies que evoca la Última Cena, donde había ido en el primer Jueves Santo de su pontificado, en 2013.

Los asistentes a la Misa Crismal

En la Misa Crismal de esta mañana, ceremonia concelebrada por cardenales, obispos y centenares de curas –vestidos de blanco- que renovaron sus promesas sacerdotales, Francisco hizo una reflexión muy espiritual sobre la importancia de la unción del Espíritu Santo y de la armonía que éste genera.

“Hermanos, crear armonía entre nosotros no es sólo un método adecuado para que la coordinación eclesial funcione mejor, no es una cuestión de estrategia o cortesía, sino una exigencia interna de la vida en el Espíritu”, dijo, con buena voz.

El Papa bebe del cáliz durante la misa

“Se peca contra el Espíritu, que es comunión, cuando nos convertimos, aunque sea por ligereza, en instrumentos de división; y le hacemos el juego al enemigo, que no sale a la luz y ama los rumores y las insinuaciones, que fomenta los partidos y las cordadas, alimenta la nostalgia del pasado, la desconfianza, el pesimismo, el miedo. Tengamos cuidado, por favor, de no ensuciar la unción del Espíritu y el manto de la Madre Iglesia con la desunión, con las polarizaciones, con cualquier falta de caridad y de comunión”, advirtió. En la celebración, se bendijeron los óleos que se utilizan durante el año litúrgico para la consgración de ministros y obispos, para los bautismos, las confirmaciones y la unción de los enfermos.

La Misa Crismal del Jueves Santo

“Ayudémonos, hermanos, a custodiar la armonía, empezando no por los demás, sino por uno mismo; preguntándonos: mis palabras, mis comentarios, lo que digo y escribo, ¿tienen el sello del Espíritu o el del mundo?”, preguntó asimismo Francisco en su sermón, en el que también habló de la importancia de la “amabilidad del sacerdote”.

“Si la gente encuentra incluso en nosotros personas insatisfechas y descontentas, que critican y señalan con el dedo, ¿dónde descubrirán la armonía? ¡Cuánta gente no se acerca o se aleja porque en la Iglesia no se siente recibida y amada, sino mirada con recelo y juzgada!”, lamentó.

La misa en San Pedro

“En nombre de Dios, ¡recibamos y perdonemos siempre! Recordemos que ser agrios y quejumbrosos, además de no producir nada bueno, corrompe el anuncio, porque contra-testimonia a Dios, que es comunión y armonía”, exhortó.

Finalmente Francisco, que le regaló a todos los curas presentes el libro “La segunda llamada”, del sacerdote francés René Voillaume, tuvo palabras de agradecimiento: “Gracias por su testimonio y por su servicio; gracias por el bien escondido que hacen, por el perdón y el consuelo que dan en nombre de Dios; gracias por su ministerio, que a menudo se realiza en medio de mucho esfuerzo y poco reconocimiento. Que el Espíritu de Dios, que no defrauda a los que confían en Él, los llene de paz y lleve a término lo que ha comenzado en ustedes, para que sean profetas de su unción y apóstoles de armonía”.

No a las polarizaciones y a la desunión, el pedido de Francisco a los sacerdotes en el Jueves Santo
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