Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer, se mostró a favor de participar en el esquema de congelamiento de precios delineado por el gobierno nacional. El acuerdo con el sector se oficializaría la semana próxima y apunta al eslabón de hilanderías, tejedurías y tintorerías. Complementa así al cerrado meses atrás con algunas marcas del rubro indumentaria.

Este jueves se realizó la Pro Textil 2022, el encuentro más importante a nivel nacional de la cadena de valor textil e indumentaria. Dirigentes industriales de la actividad aprovecharon la ocasión para fijar posición respecto de la inflación, analizar sus orígenes y se esforzaron por explicar, hasta donde fue posible, por qué el sector de indumentaria quedó ubicado al tope de los aumentos de precios al consumidor.


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Costos importados, la protección legal que tuvieron ciertas prácticas comerciales abusivas, la evolución general del precio de los servicios en Argentina y la recomposición de márgenes del sector fueron algunos de los argumentos que sobrevolaron la conferencia de prensa con la que se dio la señal de largada al encuentro empresario.

Acuerdos y eslabones 

La industria textil se compone de tres grandes eslabones. El primero es la producción de fibras (mayormente de origen natural pues pocas fibras sintéticas se fabrican en el país) que es una rama intensiva en capital con fuerte presencia en el interior del país. El segundo eslabón es la hilandería, tejeduría y tintorería. Y el tercero es la confección (de productos para el hogar como alfombras y sábanas, hasta prendas de vestir) que involucra también el diseño y la marca. Esta rama es intensiva en mano de obra y se despliega principalmente en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.

Es una industria es bastante atomizada, con miles de empresas que operan en el segundo eslabón y decenas de miles en la confección, mientras que la hilandería es la actividad más concentrada en virtud de los volúmenes de producción y la tecnificación productiva.

En septiembre el gobierno firmó un acuerdo con 60 marcas del sector de confección de indumentaria que prometió congelar los precios hasta principios de diciembre (antes de las fiestas) y que luego, por un plazo de 180 días, evolucionaran de acuerdo con el tipo de cambio oficial. Este acuerdo es poco representativo a nivel de empresas y por ende desde el sector esperan un bajo impacto en el IPC.

A fines de octubre, el gobierno llegó a un acuerdo similar con los textiles, es decir las empresas que operan antes de la confección. El acuerdo será voluntario y el óptimo sería alcanzar a las 4.000 a 5.000 firmas que forman el sector. El acuerdo afectará a las ventas de materias primas para la confección de ropa de invierno, de modo que tampoco se sentirá el impacto sobre el IPC en el corto plazo.

¿Por qué suben los precios?

El precio de los insumos (que en buena medida provienen de China, que detuvo su producción en 2022), el aumento del tipo de cambio y los fletes internacionales tienen un impacto directo sobre los costos dolarizados de las empresas textiles, señalaron en la Pro Textil 2022. Pero el cuento no termina allí ya que, por otro lado, debe agregarse el costo financiero también dolarizado ya sea por los plazos que involucra la importación de maquinaria (de 18 a 24 meses para la entrega y cancelación del pago) como por la financiación a 180 días que exige el gobierno para las compras del sector.

Por último, aunque no menos importante, Marco Meloni, vicepresidente de Pro Tejer, cargó contra los amparos judiciales que habilitaron la importación de numerosas posiciones arancelarias en manos de unas pocas empresas.

Desde ProTejer reconocieron que la industria textil está importando mucho más que en 2018 y 2019. Entre enero y septiembre de este año totalizaron compras por USD 1.369 millones, lo cual representa un incremento del 44% respecto de igual período de 2021. Pero destacaron también el cambio en la composición: se importan fundamentalmente productos semi elaborados y materias primas. Por ejemplo, hilados de algodón, tejidos planos (denim, gabardina) y de punto (jersey, frisa, polar) que tiempo atrás se producían en Argentina. Es el caso de “la lycra, la tela viscosa, y el poliester” detalló Meloni.

 Y se importan también las máquinas que se utilizan en el primer eslabón de la cadena, el de la producción de fibras. En suma, “hay dos tercios de la industria que posee algún componente importado” especificó Jorge Sorabilla, secretario de la Fundación.

Según estimó Sorabilla, los costos de servicios que contrata el sector explican el 33,9% del precio final de la ropa. Se trata de la logística , alquiler, los servicios financieros y de comercialización. Afirman, además, que el 50% del valor final son impuestos que cobra el Estado en sus distintos niveles de gobierno. Y apenas el 15,8% proviene de la industria textil.

Galfione reconoció que la recomposición de los márgenes de ganancia explica otra parte de la dinámica inflacionaria,pero enfatizó en que dicha mejora de la rentabilidad se traduce en nuevas inversiones. Los USD 235 millones proyectados para el sector en este año y los USD 194 millones de 2021, aseguró, permitieron revertir tres años seguidos de reducción de la capacidad productiva (2018, 2019 y 2020). Estas inversiones permitirán resolver los cuellos de botella que todavía enfrenta la cadena de valor y por ende también desactivar la dinámica de los precios, agregó.

Source: economia – pagina 12

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