Los temas de agenda aparecen y desaparecen de modo vertiginoso. Las elecciones en Brasil, por ejemplo, sucedieron hace una semana pero parece que hubieran ocurrido en un pasado lejano. Sin embargo, todo pasa pero quedan las interpretaciones. Desde mi perspectiva, Lula sacó la cantidad de votos que estaba prevista: alrededor de un 48%. Pero Bolsonaro logró más sufragios que los que se pronosticaban. Ello sucedió porque se produjo una anticipación de la segunda vuelta: muchos de los que iban a votar a Bolsonaro en una segunda instancia lo hicieron en la primera.

Pero ese mejor resultado inicial es también un problema para el actual presidente brasileño: del escenario polarizado resultante se desprende que alrededor del 90% de los votos ya está decidido. Por eso, Bolsonaro parecería no tener chances: necesita descontar más de 5 puntos habiendo sólo 10 disponibles. Además, la tercera candidata con más votos en la primera vuelta, Simone Tebet, y el cuarto más votado, Ciro Gomes, con 4,2% y 3,04%, respectivamente, ya adelantaron su apoyo a Lula. Lo mismo hicieron Fernando Henrique Cardoso y José Serra, entre otras personalidades.


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Mientras tanto, en la Argentina continúa la discusión acerca del aumento de la rentabilidad de las grandes empresas, las causas de la inflación y las medidas para mejorar la distribución del ingreso, entre otros temas.

La Vicepresidenta de la Nación ha afirmado hace unos días que el Indec publicó “datos sobre el descenso de la pobreza del 37,3% al 36,5% en el primer semestre del 2022. Sin embargo en el mismo período la indigencia aumentó del 8,2% al 8,8%, esto evidencia el impacto del fuerte aumento en los precios de los alimentos. Está más que claro que estamos ante un fenómeno de inflación por oferta y no por demanda. Las empresas alimentarias han aumentado muy fuerte sus márgenes de rentabilidad”.

El ministro de Economía, Sergio Massa, hizo un planteo similar: “la Argentina tiene algunos de los sectores de la economía muy concentrados, que terminan impactando en las cadenas de valor de una manera casi dramática en términos de inflación”. El secretario de Programación Económica, Gabriel Rubinstein, señaló que “atacando la inercia inflacionaria y procurando una razonable caída de márgenes empresariales, podremos lograr que la inflación real se acerque a la «teórica»”, que el funcionario estimó sensiblemente menor a la proyectada en el Presupuesto. Para Rubinstein, los problemas en la economía argentina son consecuencia de los desajustes macroeconómicos y, por lo tanto, se trata de corregirlos. Desde mi punto de vista, hay que sumar como variables, en un lugar principal del análisis, la puja distributiva y la especulación. Pero estamos ante un gran avance: se coincide en que hay márgenes de rentabilidad excesivas en las grandes empresas.

El Banco Central realizó durante septiembre compras netas de divisas por casi 5.000 millones de dólares. Si bien una parte de ellas se utilizó para pagarle al FMI (2.590 millones de dólares), están ingresando 3.800 millones de dólares aprobados por el Directorio del organismo. Según el Fondo, este acuerdo “brinda equilibrio presupuestario y en la balanza de pagos, vinculado a la aplicación constante y continuada de políticas encaminadas a fortalecer las finanzas públicas, hacer frente a la alta inflación persistente, impulsar la acumulación de reservas y sentar las bases para una crecimiento económico inclusivo”. Además, vamos a recibir en unos días los créditos que aún no se liquidaron del BID, del Banco Mundial y de la Corporación Andina de Fomento. Por lo cual, lo que se logró fue mucho mayor que lo esperado. Pero, inmediatamente después de que Massa terminara de hablar en la conferencia de prensa donde realizó el anuncio de las liquidaciones logradas por el Programa de Incremento Exportador, un economista vinculado a los mercados aseguró que las expectativas de devaluación no se habían terminado, pese a la acumulación de reservas en el BCRA. El mencionado economista afirmó concretamente: “Está claro que todavía el programa implementado por el ministro [Massa] no abatió la expectativa de salto devaluatorio”. ¿No era que no había reservas y que por eso se producían las presiones cambiarias e inflacionarias? Hoy tendrían que estar diciendo: se ha despejado el horizonte y, por lo tanto, los riesgos de una devaluación han desaparecido porque las reservas están fortalecidas.

En esa sintonía el gobierno sigue anunciando medidas para monitorear las importaciones y para que los dólares no se utilicen para la compra de productos suntuarios, que no son imprescindibles, u otros que se producen localmente.

En materia de importaciones de energía (que fueron un componente clave al cual se destinaron divisas este año), en 2023 habrá mayores niveles de autoabastecimiento. Según la secretaria de Energía, Flavia Royón, se esperan construir 683 kilómetros de gasoductos durante el año próximo, con la generación de 45.000 puestos de trabajo, y un impacto positivo en la balanza comercial, a partir del ahorro de 2.440 millones de dólares por año debido a la sustitución de importaciones. Todo ello indica que vamos a estar con una situación relativamente robusta de reservas. ¿Por qué, entonces, siguen fogoneando la devaluación? Todas esas versiones conducen a que ciertos actores de la economía afirmen: “si dicen que igual va a haber devaluación, entonces yo por las dudas me cubro y aumento los precios”.

En este marco, en la Cámara de Diputados comenzamos el tratamiento del proyecto de Presupuesto 2023, que en su etapa informativa incluye la presencia de ministros y otros funcionarios. El Presupuesto es el instrumento abarcativo donde se inscriben las distintas medidas puntuales que se van tomando. Por eso incluye: el nivel de actividad económica que estamos proyectando, con qué recursos fiscales vamos a contar, y cuáles serán las prioridades de inversión y del gasto público. De allí su relevancia: si bien se elabora en un contexto mundial cargado de incertidumbre y de amenazas recesivas, el proyecto que estamos impulsando propende a la estabilidad macroeconómica, a la recomposición del poder adquisitivo de los ingresos y al fortalecimiento del mercado interno.

Mientras algunos apuestan por la desestabilización, el gobierno sigue impulsando una serie de medidas políticas para ordenar la economía y profundizar un modelo de crecimiento con la gente adentro. En ese proceso, la aprobación del Presupuesto es un paso imprescindible.

* Diputado nacional por el Frente de Todos y Presidente del Partido Solidario

Source: economia – pagina 12

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