La semana pasada trascendió que el gobierno evalúa abrir las importaciones de indumentaria y calzado para que se moderen las subas de precios. ¿Què es lo que justifica el notable aumento de precios del sector de indumentaria y calzado, cuya inflación viene superando al nivel general desde junio de 2020? Se decía en la pospandemia que la recuperación de los márgenes de ganancia perdidos durante el Covid-19 explicaba la tendencia. Pero la misma nunca tuvo freno. El pasado viernes cuando INDEC publicó el dato de la inflación de septiembre de 2022, nuevamente prendas de vestir y calzado lideraba cómodo el listado: 10,6 por ciento de inflación versus 6,2 el nivel general.

La paradoja aquí, desde el punto de vista de la política económica, es que se trata de un sector protegido desde lo comercial (con negocios habilitados para grandes empresas) pero desregulado en materia de precios.


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Ante ese escenario y con los datos de inflación de septiembre sobre la mesa, el gabinete económico de Sergio Massa se propuso actuar con firmeza y adelantó, aunque no de manera oficial, que evalúan abrir todas las importaciones del sector para que se moderen los precios. Una medida de efectividad todavía dudosa pero que, al menos, alerta a los jugadores clave a revisar sus conductas abusivas. Los aumentos no se dan ante un cambio de temporada como era usual sino todos los meses.

El inefectivo control de importaciones

Antre la alternativa que analiza el gobierno, abrir las importaciones de indumentaria y calzado para que se moderen las subas de precios, cabe preguntarse: ¿Por qué, si existió en todo este período contrario, una administración focalizada de importaciones a través de Licencias No Automáticas (LNA), no fue ese el instrumento que regulara la oferta y, en consecuencia, los precios internos del rubro? Es que prácticamente todas las posiciones arancelarias que adquiere el sector están bajo el régimen de LNA desde que asumió el gobierno.

Cabe recordar que las licencias no automáticas forma parte del régimen de monitoreo de importaciones, al igual que las licencias automáticas. Pero la diferencia está dada en que las primeras, las LNA, tienen un listado de requisitos para el importador mucho mayor que el de las automáticas. Por lo cual demandan un tiempo mayor para su aprobación, que a veces no se otorga. Por lo cual, funciona en la práctica como un modo de restricción para el comercio.

A través de la Resolución 1 de 2020 la cobertura del comercio con LNA pasó de menos del 50 al 94 por ciento de las posiciones importadas por la industria. Mientras Macri había desarmado buena parte del sistema de monitoreo sobre las importaciones, el ex ministro Matías Kulfas volvía a introducir una herramienta que permitiría administrar las compras con el objetivo de frenar el ingreso de productos que pudieran fabricarse localmente

Pero esa intención no pareció ser el resultado en el sector de indumentaria y calzado. El porcentaje de importaciones sobre el total fabricado localmente no se modificó: quedó en torno al 10 por ciento tras la aplicación de las LNA, un nivel similar al de 2019 y que contrasta con el 3 por ciento registrado en 2015.

Ese fenómeno despertó la curiosidad entre los analistas puesto que las pérdidas en materia económica eran claras. La confección textil es un rubro donde la sustitución por producción local es relativamente accesible y además se trata de un sector intensivo en mano de obra. De modo que una protección comercial efectiva es doblemente redituable: permite ahorrar divisas pero crear empleo y capacidades al mismo tiempo.

Precios y concentración

Anahí Rampanini es investigadora de Conicet y se dedicó a estudiar estos temas. En su trabajo encontró que la cobertura con LNA estaba propiciando una exacerbación de la concentración dentro del sector: hacia 2021 alrededor del 2 por ciento de las empresas de indumentaria y calzado concentraban el 50 por ciento del monto total importado. Esa cifra abarcaba apenas a unas 16 firmas, un nivel similar que en 2019. «Que todo cambie para que todo siga igual», parecía indicar la realidad. 

La tendencia a la concentración no es específica de este sector, pero Rampanini introduce dos consideraciones importantes: en primer lugar,  hubo períodos donde la competencia fue proliferante (de 2006 a 2018, por ejemplo) y en segundo lugar, la concentración nunca debe ser favorecida desde la política pública, como ocurrió con las LNA.

“Había cierta mercadería, identificada a un nivel muy detallado de la posición arancelaria, que era importada casi exclusivamente por una sola empresa. En suma, notamos que eso ocurría con el 66 por ciento de las posiciones con protección de LNA, es decir que casi siete de cada diez posiciones importadas eran adquiridas por una sola empresa autorizada del sector”, contó Rampanini a Página/12. Más aun, son apenas una, dos o tres empresas las que explicaban el 90 por ciento de las importaciones con LNA.

Es decir que una herramienta focalizada de administración del comercio exterior fue utilizada para garantizarle el negocio a las firmas más concentradas del sector. En lugar, por ejemplo, de potenciar la fabricación local o los emprendimientos de las PyME. Y pese a la directa incidencia de la entonces Secretaría de Industria en la gestión de las LNA. A las empresas que más se benefició fue a Zara, la mayorista Vesubio y las deportivas Adidas, Nike y Puma, que lideran el ranking de importadoras del sector. 

Importados y nacionales

El trabajo de Anahí Rampanini también repasa esta cuestión. Compara la evolución de un índice de precios de las importaciones del sector con la división Prendas de vestir y calzado del IPC Nacional. Ambas tendencias son muy dispares, con una clara aceleración de la segunda. Y si bien desde el sector sostienen que el aumento del tipo de cambio encarece la compra de los insumos y por tanto los precios, para Rampanini esa situación ocurre en otras ramas de la economía donde no se ve una disparada de precios.

“Se detectaron aumentos del orden del 70 por ciento en algunos casos que no pueden justificarse ni por suba de los proveedores (mayormente chinos) ni por la devaluación oficial”, aseguró.

Desde ProTejer repiten otro argumento: que en la medición del INDEC está “mal representado” el sector porque no pondera los nuevos canales comerciales, como las ventas online, con precios más accesibles y competitivos que los shoppings. Sin embargo mediciones que sí lo hacen, igualmente acusan subas desmesuradas.

Rediseñar la regulación 

No sólo en el caso de las confecciones textiles el nuevo equipo económico encontró desbarajustes. Varias posiciones arancelarias con destinación a consumo de lujo fueron pasadas al régimen de LNA a fines de agosto. La cantidad de artículos con licencias se triplicó

Un caso paradigmático fue el de los yates de lujo. Ariel Schale, secretario de Industria antes de la designación de Massa y reestructuración del gabinete económico, desmintió la acusación de un medio de que había aprobado su importación a nombre del empresario Nicolás Caputo. Otra sorpresa fueron las cautelares judiciales que denunció el equipo de Massa, desde toallas hasta neumáticos y máquinas para minar criptomonedas tenían sentencia legal de “urgencia”. Triangulación con empresas y bancos del exterior y sobrefacturación de importaciones fueron otras maniobras denunciadas.

El ordenamiento del comercio exterior tiene como referente al titular de la Aduana, Guillermo Michel. También al secretario de Industria José De Mendiguren y, en materia de instrumentación, a la secretaría de Comercio que conduce Matías Tombolini.

Producción: Mara Pedrazzoli

Source: economia – pagina 12

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