El foro “Vientos de cambio: el futuro de las reformas fiscales en América Latina” se desarrolló en el encuentro anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial a fines de la semana pasada y contó con importantes expositores; entre ellos Ilan Goldfajn, Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, y el profesor y premio Nobel Joseph Stiglitz, por la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional. Se habló sobre la progresividad impositiva, las carreras entre naciones por reducir impuestos (que no asegura mayor inversión) y sobre los tributos por única vez ante lucros extraordinarios.

Stiglitz interpretó la coyuntura actual en la que “los Estados han quedado flacos” para invertir en servicios sociales básicos, mejorar la educación y el acceso a las tecnologías que son tan necesarios para la población. Además reconoció que “las estructuras tributarias suelen ser poco progresivas en todos los países del mundo”, lo cual también atenta contra el bienestar social general, maxime en un mundo donde los precios de productos esenciales como los alimentos y los combustibles están por las nubes.


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Recomendó entonces reforzar los impuestos sobre la renta y recordó que los mismos no reducen la inversión privada, lo cual constituye uno de sus principales aporte a la literatura. De igual modo subrayó su preocupación cuando los países de bajos y medianos ingresos acuden a los organismos internacionales, como el BM y el FMI, y les solicitan medidas de austeridad que solo conducen a un menor crecimiento. Stiglitz, el maestro del ex ministro Martín Guzmán, es sin dudas de los últimos grandes keynesianos.

El profesor también habló con preocupación de la llamada “carrera hacia abajo”, que resume el hecho de que diferentes naciones (y a veces jurisdicciones dentro de una misma nación) compiten entre sí reduciendo impuestos para atraer inversiones. Al tiempo que ponderó la importancia de los llamados “windfall taxes” que son impuestos que se aplican por única vez a un sector específico que ha tenido ganancias extraordinarias, tal vez la última política de peso impulsada por Guzmán en Argentina.

El tercer shock

Por su parte, Ilan Goldfajn caracterizó a la coyuntura actual como “el tercer shock”: primero la pandemia, luego la invasión de Rusia a Ucrania y ahora los problemas que enfretarán principalmente las naciones emergentes por el aumento del costo del financiamiento. ¿Cómo es posible recaudar más? se preguntó curiosamente, el ex presidente del Banco Cenral de Brasil bajo el gobierno de Michael Temer y actual funcionario del FMI que se define también como keynesiano. Fue el único en mencionar la importancia de administrar el gasto en su discurso. También mencionó que vale la pena readecuar las excepciones en los impuestos sobre la propiedad y las muchas deducciones impositivas de la región, como parte de la “carrera hacia abajo. Llamó a mejorar la progresividad de los impuestos sobre la renta.

Fue llamativo el hincapié en el tema de las deducciones especiales que sobrevoló en la charla, y que en el caso argentino recuerda a la “separata fiscal” que invitó a discutir el Presupuesto 2023 de Sergio Massa.

Tanto Goldfajn como Stiglitz, otrora dos caras distintas de una moneda, apoyaron la dirección de las reformas tributarias que encararon los gobiernos de Colombia y Chile en la región. Además de dichas personalidades, en el foro participaron Gabriela Bucher, Directora Ejecutiva de Oxfam Internacional, el ministro de Hacienda de Colombia, José Antonio Ocampo, y la joven Claudia Sanhueza, subsecretaria de Hacienda de Chile.

Reformas  progresivas 

José Antonio Ocampo es un reconocido economista de tradición cepalina heterodoxa que actualmente se desempeña como funcionario del gobierno de Gustavo Petro. En el foro del BM y FMI dijo que su gobierno debe atender a un objetivo actual dual: por un lado atender las demandas sociales de sus votantes y por el otro cumplir con la “regla fiscal”. Esta última es una meta para el resultado fiscal “estructural” que lo ata al nivel de deuda, de modo que si el gobierno se endeuda pierde espacio fiscal. Dicha regla fue suspendida en 2020 y 2021 pero este año supuso “un ajuste de 3 por ciento del PIB”, recordó el funcionario.

Así las cosas, solo es posible aumentar el espacio fiscal del gobierno a partir de una Reforma Tributaria gradual basada en tres pilares: la eliminación de beneficios para personas de altos ingresos o sector productivos específicos (el asunto de las “deducciones” mencionado más arriba), el aumento por única vez del impuesto al petróleo y el carbón (los “windfall taxes”) y la aplicación de políticas tendientes a reducir la evasión fiscal que es muy alta en Colombia. 

En Colombia las reformas tributarias son recurrentes pero no están exentas de conflictos sociales y políticos. El gobierno de Petro presentó su propuesta al día siguiente de asumir al contar con mayor aceptación social, ya que la reforma es progresista. Sin embargo también debió dar marcha atrás por ejemplo en algunos requerimientos sobre las exportaciones de petróleo y carbón.

La funcionaria chilena, Claudia Sanhueza, recordó que su país también cumple con una regla fiscal y en simultáneo debe atender compromisos con su electorado. Por esto proponen una Reforma Tributaria basada en acuerdos políticos. “Tenemos un sistema muy regresivo”, admitió, y citó un ejemplo: en Chile las ganancias no distribuídas de las empresas no pagan tributos y son trasnferidas íntegramente a empresas fantasmas, eso debe modificarse. Igualmente advirtió que la Reforma reposa menos en la creación de nuevos impuestos que en la mejora de la eficiencia para la recaudación, a través de otorgar mayores facultades a los entes recaudadores. Además de los cambios progresivos y de apuntar a reducir la evasión y elusión fiscal, la propuesta chilena busca modificar las regalías del cobre y crear “impuestos verdes”.

Source: economia – pagina 12

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