San Lorenzo estaba en una situación sumamente incómoda. En su debut en la Copa Sudamericana no se encontraba en los primeros minutos ante un Estudiantes de Mérida que no tenía miedo de salir a buscar el resultado, y por si fuera poco, con tan solo seis minutos disputados Carlos Sánchez vio su segunda amarilla y fue expulsado en circunstancias polémicas, dejando al Ciclón con inferioridad numérica durante casi todo el encuentro. Frente a este escenario, Rubén Darío Insua bien pudo haber tomado la medida más precavida, sacar a un delantero y darle entrada a otro volante de contención o un defensor más para intentar cerrar el arco y sacar un empate como visitante, una medida que habría tenido cierta lógica para planificar la etapa de grupos del torneo.

Pero Insua optó por otro plan. Sacó a un mediocampista, Agustín Martegani, obligado por su lesión en el tobillo izquierdo, otra mala noticia en apenas 10 minutos. Pero quien entró en su lugar no fue un jugador defensivo ni mucho menos, sino Nahuel Barrios, el número 10 del equipo. Y desde el momento en que entró al campo de juego, el “Perrito” hizo de su misión sacar al equipo hacia adelante, volviendo loca a la defensa rival con su velocidad y su indescifrable gambeta, y contribuyendo incluso con la asistencia para el auténtico golazo de Federico Gattoni, que terminó dándole un triunfo clave al equipo por 1-0.

Aquella confianza y personalidad para hacerse cargo de partidos complicados se convirtió en una de las principales características del enganche de apenas 1,56m de altura, especialmente desde la llegada de Insua al equipo. Pero ciertamente es algo que trabajó desde mucho antes de siquiera llegar al Cuervo, cuando jugaba partidos en las canchas de Dock Sud: “Eran picantes. A mí me invitaban a jugar los más grandes y me c… a patadas. Me gustaba igual, eh. Se ponía re picante y me llamaban siempre para jugar con ellos”, contó a Clarín en enero sobre cómo labró también su impenetrable resistencia física. “Me gustaba jugar mucho a la pelota. Todo el día jugaba. Armábamos pelotas con bolsas: le metíamos trapos, la atábamos y a jugar. Descalzo, como sea”.

Aquellos partidos en su infancia lo llevaron a probarse en un club en Gerli llamado “Amor y Lucha”, y ahí fue donde lo vieron enviados de San Lorenzo, club al que se incorporó en 2010 tras superar una prueba. Pero una vez integrado en las inferiores del equipo, su baja estatura comenzó a presentar inconvenientes, que el propio Barrios expresó en julio 2016: “A veces me da miedo no poder llegar a la primera división por la altura que tengo”. En aquel momento se le sugirió apelar al mismo tratamiento de hormonas al que se sometió Lionel Messi, pero la vida le depararía una vuelta de lo más inesperada. Menos de un año más tarde, el DT Diego Aguirre comenzó a citarlo para entrenar con la primera, y en abril de 2017, días antes de cumplir 19 años, hizo su debut profesional en pleno duelo de Copa Libertadores ante Universidad Católica. Por si eso fuera poco terminaría convirtiendo el gol del triunfo… de cabeza.

Su debut goleador contra la “U” Católica, en la Libertadores

Incluso en el marco de aquella aparición sorprendente, después del triunfo su complicada realidad lo llevó de vuelta a tierra, como recordó recientemente su padre adoptivo, Pablo Ayazzi: “Se fueron todos en sus autos y él se fue con su hermano a tomar el colectivo. Mientras esperaba se sacó fotos hasta con los barrenderos y como no venía el colectivo, caminó hasta Pompeya. Cuando llegó me dijo que no me quiso llamar porque sabía que yo tenía que trabajar”, reveló a DSports Radio.

Desde entonces fue beneficiario de muchas oportunidades por parte de Claudio Biaggio, un DT que priorizó minutos para varios jugadores surgidos de las inferiores del Ciclón, algo que coronó con su primer gol en Primera, un misil desde media distancia contra Olimpo. No obstante, la salida del “Pampa” y la posterior llegada de Jorge Almirón, sumado a los malos resultados que acumuló el equipo desde entonces, frenaron su progreso, lo cual forzó salidas a préstamo a Defensa y Justicia (que luego quedó trunca por la pandemia de Covid-19) y Central Córdoba, donde alternó titularidades y suplencias.

El primer gol de Barrios en Primera

A su regreso a San Lorenzo a principios de 2022, su lugar en el equipo estaba más amenazado que nunca. Pedro Troglio le otorgó apenas 25 minutos en toda la Copa de la Liga de ese año, y parecía que a los 23 años su etapa en el club podía llegar a su fin. Pero inmediatamente después de firmar su regreso, Insua lo convirtió en uno de sus pilares, adueñándose el puesto de extremo izquierdo con enganche hacia adentro y luciendo su gambeta e incluso su fortaleza física para aguantar las duras entradas de los defensores rivales, que forjó en el Docke.

Sus esfuerzos y su producción fueron premiados a principios de este año con nada menos que la camiseta número 10, la que portó el propio DT en sus primeros años, y recientemente un ídolo como Leandro “Pipi” Romagnoli, con quien compartió cancha en la despedida del fútbol de quien luego fuera entrenador y mánager. Claro que aún faltan pulir algunos aspectos de Barrios; su temperamento le terminó jugando una mala pasada en el clásico ante Huracán, en el que terminó expulsado por un cruce con Fernando Tobio. Pero a sus 24 años parece estar encontrando el contexto ideal para por fin ser protagonista en un Ciclón que, paralelo a su propia experiencia, está dejando atrás su mal pasar para convertirse en protagonista de la Liga Profesional.

San Lorenzo: el largo viaje de Nahuel Barrios, de los potreros y los préstamos a destacarse bajo las órdenes de Rubén Darío Insua
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