Selección argentina: volver a las fuentes y resintonizar la cabeza, la receta para reaccionar rápido

El fútbol son momentos y los imprevistos están siempre al alcance de la mano. Se revierten resultados, se fallan penales, se convierten y se reciben goles inesperados. La clave es saber gestionar emocionalmente cada situación y la selección argentina falló en ese aspecto. Nunca pudo reponerse del fatal inicio del segundo tiempo, se la vio entumecida cuando todavía faltaba mucho y no encontró soluciones ni respuestas. Tampoco surgió la genialidad que desate el nudo. Pero no fue lo único que no funcionó.


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Jugar mal te aproxima siempre más a la derrota que a la victoria, y Argentina jugó mal, incluso antes de que Arabia Saudita mostrara una inusual dosis de puntería (dos goles en dos tiros al arco). Es cierto que el equipo produjo acciones aisladas pero en el desarrollo del juego el rival lo desarmó. No encontró circuitos de juego confiables, no supo descifrar el achique de espacios y esa presión que tan bien y con tanta coordinación y rigor físico implementó el adversario durante todo el partido, y en consecuencia nunca pudo imponer su ritmo ni su juego. También porque varios jugadores estuvieron por debajo de su nivel.

Lionel Scaloni

Lionel Scaloni

Los antecedentes más recientes de Arabia podían anticipar cuál sería su planteo y solo cabía la duda de si iba a atreverse a aplicarlos contra Argentina. Lo hizo y se echaron en falta matices tácticos y una mayor comprensión sobre lo que necesitaba para contrarrestar la exigencia del rival. En el primer tiempo, y todavía en ventaja, la salida se hizo muy espesa y se echó en falta que un volante o alguno de los laterales cortara en diagonal para aparecer por detrás de los defensores centrales árabes desde la segunda línea, la respuesta más lógica contra el achique permanente. Es cierto que el rival presionó muy bien sobre la pelota encajonando a Leandro Paredes y Rodrigo De Paul, pero salvo en una acción de Cristian Romero nadie intentó romper desde atrás la línea defensiva adversaria. En cambio se buscó casi con exclusividad el pique del jugador más adelantado, que caminó siempre al borde del fuera de juego.

El (mal) rendimiento también se explica porque el equipo no supo desarrollar variantes para encontrar líneas favorables de pase. Los jugadores quedaron aislados entre sí, las recepciones en tres cuartos de cancha no fueron buenas y de ese modo la circulación de la pelota fue más lenta de lo que se necesitaba para desacomodar el entramado de Arabia. Alejandro Gómez fue en ese sentido de lo mejorcito de Argentina -lamentablemente, casi lo único rescatable-, pero aun así la colaboración en la tenencia de ese tercer volante y de los laterales debió haber sido más continua y eficaz.

La inesperada decepción, por el juego y por la derrota, tuvo en todo caso un componente esencial. El fútbol es un estado de ánimo y Argentina quedó claramente enredada y sin capacidad mental para salir del sacudón que significaron esos terribles diez minutos en la que fue superada. Ahí es donde está la tecla que se debe tocar hasta el partido del sábado contra México, una tecla que precisa de la alianza entre el entrenador y los jugadores. Es clave el técnico para mostrar naturalidad en la manera de llevar el tropiezo e impulsar la reacción mediante la palabra y la firmeza en las convicciones, pero también son claves los futbolistas para resintonizarse y lograr que las cosas vuelvan a fluir.

Lionel Messi, sin espacio para la magia

Lionel Messi, sin espacio para la magia (Aníbal Greco/)

En ese tipo de situaciones lo más aconsejable es retornar a las fuentes. Cuando en la pretensión de querer modificar lo que salió mal se pierden la brújula y el estilo se suele estar más cerca del colapso que de la salvación. Lo más indicado será que el equipo vuelva a su pasado, recordar lo que fue, no revolucionarse. El fútbol es un sistema de equilibrios bastante sensible en el que interviene lo anímico, lo futbolístico, lo estratégico y lo táctico. Todos los elementos deben estar alineado, sin chocar entre sí. Estos jugadores -algunos de largo recorrido- lo saben, como saben que comenzar un partido con desesperación y sin soltura es perjudicial para la salud de un equipo.

En los últimos tiempos hemos vivido momentos de crisis casi existenciales, de estilo, de pesadumbres extremas, y fueron estos mismos jugadores los que resurgieron y animaron nuestras esperanzas y expectativas. Son ellos quienes tienen que dejar atrás lo ocurrido, dar vuelta la página y poner la cabeza en cada entrenamiento para afrontar un partido que sin duda será delicado.

México será otro rival, con otras virtudes y déficits. Scaloni quizás implemente algún cambio en la mitad de la cancha pero para eso falta. En el camino a los jugadores les toca reponerse. Estas competiciones no dan tiempo para los lamentos y tenemos una nueva oportunidad en la que el equipo debe mostrarse entero, sereno y con ese punto de rebeldía que no pudo mostrar contra Arabia.

Argentina llegaba bien al Mundial, confiada y mentalmente fuerte, pero en el debut se dio un tremendo golpe. Está en el entrenador y los jugadores lograr que lo sucedido haya sido solo una excepción a la regla. Nadie se olvida de jugar en tres días.

Selección argentina: volver a las fuentes y resintonizar la cabeza, la receta para reaccionar rápido

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