Sobre el final de gobierno de Mauricio Macri, su ministro de Economía, Hernán Lacunza, recibió en el Palacio de Hacienda a los entonces referentes económicos del equipo económico de Alberto Fernández. Eran Guillermo Nielsen, Cecilia Todesca y Emmanuel Alvarez Agis. En medio de la corrida cambiaria que sufría el país desde hacía un año, tras las PASO de agosto de 2019, se generó un acuerdo de transición: se pactó entonces cuidar los depósitos, el tipo de cambio y cerrar el mandato con la mayor cantidad de reservas. Tras esa reunión, el actual Presidente redujo la pirotecnia de campaña y dijo: “El dólar a $60 está bien, es un valor razonable”.

Pese a que algunos creen que todavía es prematuro, la maltrecha economía podría tener que navegar este año electoral a la intemperie. Los referentes económicos de las principales fuerzas políticas –enfrascadas hoy en sus propias internas y comenzando la campaña- no establecieron, por ahora, un contacto para desacoplar la creciente chispa electoral de la mecha en que se convirtió la incertidumbre sobre las reservas y la renovación de la deuda en pesos.

Tanto el Ministerio de Economía, que dirige Sergio Massa, como referentes de la oposición cercanos a Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, la UCR, la Coalición Cívica y el espacio de la Libertad Avanza -que conduce Javier Milei- confirmaron que los puentes para encapsular a la frágil economía todavía no fueron tendidos. Pocos confiaron que exista la intención.

Massa relanzó Precios Justos, que también incluirá las cuotas de colegios privados

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El contexto económico en el que comenzará la campaña no es auspicioso. Pocos dólares, muchos pesos y alta inflación. Según fuentes privadas en base a datos oficiales, las reservas netas del Banco Central (BCRA) estaban en US$5700 millones a fines de diciembre, lo que equivale a poco más de un mes de importaciones. “Tomando en cuenta los pagos de servicios de deuda en moneda extranjera, el resultado neto de la intervención en el mercado de cambios, el flujo negativo en el mes con organismos, probablemente ahora anden por US$2500 o US$2700 millones”, estimó el economista de consultora Ledesma Gabriel Caamaño Gómez. Al arranque de 2015, año de campaña, eran US$15.500 millones. A comienzos de 2019, US$14.700 millones. Este año sumará además el impacto de la sequía –sobre todo en maíz, aunque está en duda la soja- y la presión por los precios energéticos –que sería menor a la del año pasado-.

El dólar es la inversión de los argentinos en elecciones. “En los años electorales (2013, 2015, 2017 y 2019) el BCRA registró ventas netas de dólares por US$4657 millones promedio entre agosto y octubre, entre el mes de las PASO y la elección general. Si se hace el mismo cálculo quitando 2019, cuando hubo una dolarización extraordinaria post-PASO, las ventas del Central igualmente alcanzaron los US$3715 millones entre agosto y octubre”, calculó el economista Amilcar Collante. Tales cifras anticipan un dilema para el Frente de Todos en un año electoral: más cepo a las importaciones y desaceleración de la economía, o incumplir la meta de acumulación de reservas del Fondo Monetario Internacional (FMI), de US$4800 millones.

A la escasez de divisas en el BCRA, se suma el exceso de pesos ocultos debajo de la alfombra de la deuda. El combo es sinónimo de corrida cambiaria y de fogonazo inflacionario. Por caso, en julio, un mes antes de las primarias, vencen unos $3,8 billones. Pero las torres de deuda se expanden altas entre abril y septiembre. La bola de Leliqs es de $10,4 billones. Para evadir la desconfianza, Alberto Fernández apostó a blindar a los acreedores contra la inflación o la devaluación. El economista Nery Perchisini señaló que, desde diciembre de 2019, la deuda ajustada por precios, dólar o los llamados bonos duales –”deuda inlicuable”- se duplicó: pasó de US$71.581 millones a US$157.024 millones. En Economía, dicen que gran parte de la deuda que vence en campaña es intrasector público. Massa anticipó en la cumbre de Merlo que la reorganizará. No dio detalles. Sobre el pasivo remunerado del BCRA, señalan que es similar –con relación al PBI- al que supo juntar Cambiemos en 2018. Son datos que también repite el Central.

El impacto de las expectativas

Pese a que no hay contactos con la oposición, en el Ministerio de Economía reconocen que los dichos de esa facción ya tienen efectos concretos en el mercado. En el quinto piso del Palacio de Hacienda rescatan un hecho. El sábado pasado, vía Twitter, la mesa nacional de Juntos por el Cambio publicó un comunicado. En el mismo se acusaba al Gobierno de evitar soluciones de fondo, con medidas de corto plazo que “alargan la mecha al costo de agrandar la bomba”.

La publicación hizo foco en el déficit cuasifiscal y el financiamiento monetario, que –estimaron- llegó en el último trimestre a $800.000 millones. Se mencionó además la deuda del Banco Central, la emisión que se requiere para pagar sus intereses, la brecha cambiaria –en torno al 90%- la escasez de insumos importados y la “dudosa recompra de deuda pública que compromete las reservas netas remanentes a expensas de la producción”.

En Economía estimaron que el lunes, tras esas declaraciones, subieron los bonos, bajó el blue y nadie hizo put [opción de venta] del BCRA. “Pero bajaron un 3% las acciones de los bancos. Se comieron una p… bárbara”, estimaron. Traducción: si Juntos por el Cambio “juega al caos” se va a poner enfrente a quienes necesita para financiar la campaña. “Van a tener que hacer equilibrio entre la política y la plata”, afirmaron en el quinto piso de Hacienda, donde además dijeron que la oposición mostrará su “racionalidad” si avanza o no en el tratamiento que se le dé al intercambio automático de información con los EE.UU. o a leyes que buscan desde YPF, Marcelo Mindlin o Paolo Rocca. Son frases dirigidas a los proyectos de blanqueo de capitales y de GNL, enviados para las extraordinarias en el Congreso y actualmente paralizados.

En ese contexto, en Economía esperan a la hora de pensar en un paraguas político para encapsular la economía. “No está en agenda”, esgrimieron cerca del ministro, donde dijeron que el mercado sólo ve con buenos ojos a Macri y a Carlos Melconian. “Al resto, los limpiaron”, cuestionaron.

El juicio político contra la Corte Suprema en las últimas semanas amplificó la guerra entre coaliciones y paralizó al Congreso. En septiembre pasado, cerca de Macri, ya se habían negado a avanzar con un “acuerdo” tras el atentado que sufrió Cristina Kirchner. Entonces la vicepresidenta, mientras cuestionaba a la oposición y a la Justicia, había hablado de un pacto democrático. No fue la única vez que llamó a un consenso básico. Lo hizo también en medio de las corridas con el dólar blue mencionando al bimonetarismo. “Nadie cree en la palabra del Gobierno, inclusive la gran mayoría de la sociedad”, respondían cerca del ex presidente.

“No tenemos ningún diálogo con el Gobierno Nacional”, dijeron escuetos cerca de Rodríguez Larreta donde la tirantez con Alberto Fernández y el cristinismo creció aún más luego del fallo de la Corte Suprema que le devolvió parte de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires. El equipo económico, pese a que tiene contactos informales con Massa, cree que es prematura la discusión sobre la generación de un paraguas político para la economía. Por otra parte, paran la oreja por acciones para “estirar la mecha”: opciones para cambiar bonos en pesos por bonos en dólares, préstamos Repo a corto plazo y alto costo, o SIRA [permisos de importación] entregadas a las empresas, pero con fecha de pago en diciembre, o sea, para el próximo gobierno. “Hoy ellos quieren que digamos que está todo bien para suavizar la transición, pero siguen incubando varios problemas para la próxima gestión. Nosotros somos prudentes y estamos en silencio”.

Javier Milei en Pinamar

Javier Milei en Pinamar (Marcelo Manera/)

Menos aún se establecieron puentes con Milei. Cerca del economista y candidato a presidente suelen sentenciar que Massa y Rodríguez Larreta tienen un acuerdo tácito. “Ambos se declaran muy amigos, casi públicamente. Si hubiera manera, irían juntos”, dice un empresario. Milei además impulsa la dolarización y en su búnker creen que aquellos candidatos lo suelen usar de “cuco” frente a los principales bancos. Una acentuación de la crisis impulsaría su candidatura, por lo que no existen incentivos cerca de él para pactar un acuerdo con el oficialismo.

En el equipo económico de la UCR tampoco fueron contactados por el Frente de Todos, pero la opción de un “acuerdo de no agresión” se baraja como una posibilidad entre algunos. “Una situación de crisis financiera no beneficia ni al país ni a la oposición, que debería asumir con los puentes al financiamiento quemados. Tampoco le conviene al país ni a la oposición que el Gobierno hipoteque recursos fiscales futuros. La solución pasaría por un acuerdo implícito de cooperación: si el Gobierno no insiste en dolarizar la deuda o inflar las cuentas a pagar, la oposición no tiene incentivos para denunciar mala praxis. Y viceversa”, dijeron.

Por ahora el camino hacia la urna es de ripio y bordea un abismo. Hay tiempo para pavimentarlo y evitar que los empleos, empresas e ingresos de los argentinos se sigan devaluando.

Sin acuerdo de transición para encapsular a la economía crece el peligro de que la bomba explote
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