El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó ayer su informe sobre perspectivas económicas globales y alertó sobre los riesgos de la inflación y la recesión global. Según el organismo, la Agentina es uno de los países afectados por las tensiones de precios al registrar la cuarta inflación más alta del mundo detrás de Sudan, Venezuela y Zimbabue. Para este año, el FMI espera un alza de precios del 95 por ciento en Argentina.

Los datos específicos sobre la Argentina muestran que el país pasará de crecer 4 por ciento a 2 por ciento el próximo año. Este año, en tanto, proyectó que la inflación será del 95 por ciento y del 60 por ciento para 2023. A su vez, se indicó que la economía mundial crecerá 3,2 por ciento en 2022, casi la mitad que lo registrado el año previo, al tiempo que consideró que “lo peor está por venir en el próximo año”. Se espera recesión e inflación. De todos modos, se desprende del dato del FMI que Argentina, aún moderando su mejora, podría ser una de las economías que más crecería el año próximo, por debajo de China (4,4%) India (6,1%) y Araba Saudita (3,7%).


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«La economía mundial continúa enfrentando grandes desafíos, por los efectos persistentes de tres fuerzas poderosas: la invasión rusa de Ucrania, una crisis de costo de vida causada por presiones inflacionarias persistentes y crecientes y la desaceleración en China», evaluó el Fondo en su informe anual presentado por Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del organismo, en Washington. Esta situación se daría aún con la esperada baja de los precios de los commodities para el año próximo estimada por el organismo internacional.

A nivel global, según las proyecciones del FMI, Estados Unidos crecerá apenas 1% y Japón 1,6%; mientras que en Europa, Alemania decrecerá 0,3%, Francia se expandirá 0,7% y Gran Bretaña 0,3%, entre las economías más destacadas.

«La economía global está experimentando una serie de desafíos turbulentos. Una inflación más alta que la vista en varias décadas, el endurecimiento de las condiciones financieras en la mayoría de las regiones, la invasión rusa de Ucrania y la persistente pandemia de Covid-19 pesan mucho en las perspectivas», según resumió el trabajo.

En consecuencia, «se prevé que el crecimiento mundial se desacelere del 6 % en 2021 al 3,2 % en 2022 y al 2,7 % en 2023», en sintonía con la actualización de julio último para las proyecciones en 2022, aunque para 2023 se espera una desaceleración mayor (0,2 puntos menos de crecimiento respecto de hace tres meses).

Para el FMI, «este es el perfil de crecimiento más débil desde 2001, excepto por la crisis financiera mundial y la fase aguda de la pandemia de Covid-19, y refleja una desaceleración significativa para las economías más grandes: una contracción del PIB de EEUU en la primera mitad de 2022, una contracción de la zona del euro en la segunda mitad de 2022 y brotes y bloqueos prolongados de Covid-19 en China con una creciente crisis del sector inmobiliario», expresó sobre la economía global.

Para América latina, espera un crecimiento de las economías de la región de 3,5% para 2022 y de 1,7%. «Es una región que está expuesta a los precios de los commodities y la suba de tasas de interés, pero que en algunos países también depende del turismo. Es muy heterogénea», sostuvo Petya Koeva Brooks, subdirectora del departamento de Investigación del FMI, en conferencia de prensa.

Tasas de interés y deuda

La suba de la tasa de interés de Estados Unidos y el resto de los países desarrollados para enfrentar las presiones inflacionarias comienza a provocar distintas tensiones para el crecimiento y la estabilidad financiera. Desde el Fondo y el Banco Mundial consideran que “existe peligro real de un proceso de contracción para la economía mundial en 2023”.

La tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos ya subió 1,5 puntos porcentuales en el año para ubicarse entre 3 y 3,25 por ciento, que son niveles récord para los últimos 14 años. Al encarecerse el costo del fondeo para la compra de un vehículo, la obtención de una hipoteca o el uso de la tarjeta de crédito, como ejemplos, la Reserva Federal espera frenar la demanda de los consumidores que, entiende, supera a la oferta y hace subir los precios. Se trata de medidas para enfrentar la inflación que no se veían desde 1980.

Los niveles de desempleo bajos de la economía norteamericana y tasas de interés que eran de casi cero alentaron esta política. Pero la revisión de algunas estadísticas empezó a sembrar alarmas: por ejemplo el PBI se contrajo 0,2 por ciento en el período abril-junio versus un crecimiento inicialmente estimado en 1,7. Y así la economía entró técnicamente en recesión porque en el primer trimestre había retrocedido 0,4 por ciento.

Guerra en Ucrania

En el informe del Fondo Monetario se planteó que la invasión rusa a Ucrania «continúa desestabilizando poderosamente la economía global. Más allá de la creciente y sin sentido destrucción de vidas y medios de subsistencia, ha llevado a una grave crisis energética en Europa, que está aumentando drásticamente los costos de vida y obstaculizando la actividad económica».

También consideró que las presiones inflacionarias «persistentes y crecientes han desencadenado un endurecimiento rápido y sincronizado de las condiciones monetarias, junto con una poderosa apreciación del dólar estadounidense frente a la mayoría de las otras monedas».

De esta manera proyectaron que “la inflación mundial alcanzará su punto máximo a fines de 2022, mientras que se mantendrá en niveles elevados durante más tiempo de lo esperado, moderando a 4,1 por ciento para 2024″, según el FMI.

El organismo de crédito internacional subrayó también que el entorno externo «ya es muy difícil para muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo. La fuerte apreciación del dólar estadounidense se suma significativamente a las presiones internas sobre los precios y a la crisis del costo de vida para estos países. Las corrientes de capital no se han recuperado y muchas economías de bajos ingresos y en desarrollo siguen en dificultades de endeudamiento».

«La respuesta adecuada en la mayoría de los países emergentes y en desarrollo es calibrar la política monetaria para mantener la estabilidad de precios, mientras se permite que los tipos de cambio se ajusten, y conservar valiosas reservas de divisas para cuando las condiciones financieras realmente puedan empeorar», añadió. Las economías emergentes son algunas de las más vulnerables a las tensioens tanto de precios como de actividad que se esperan para el próximo año.

Source: economia – pagina 12

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